Hoy le dimos al presidente Duque un desayuno que lo dejó de cama: caldo de costilla con almojábanas migadas, calentao paisa y sudao de gallina criolla.
Mientras Ivancito se atarugaba de viandas nos iba contando cómo le pareció Suiza: Uy tías, muy bonito y todo, ¡pero aburridor! Con deciles que no hay chuzadas.
¿No hay chuzadas? —preguntó Tola sorprendida—, ¿y entonces en qué se entretienen los militares? Y los noticieros son muy jartos —dijo Ivancito ruñendo una presa—, no pasan sino noticias buenas.
Llegamos al hotel y no dejé que el botón me arrebatara las maletas sino que le pedí a Jasán Nasar que las subiera, acordándome de la advertencia que me hizo mi apá: cero propinas.
Lo primero que hicimos Jasán y yo fue descargar el equipaje y de una bajamos a recepción a preguntar dónde quedaba Charlie y la fábrica de chocolates, pero nos miraron raro.
Jasán me propuso que buscáramos un barrio pobre de Suiza pa repartir confites y hacer un videíto, pero en esas divisé por allá al príncipe Carlos de Inglaterra y me le enfleché.
Después me encontré con Al Gore y me preguntó si era cierto que el grupo paramilitar las Águilas Negras no estaba registrado, y le dije que les faltaba un paz y salvo de Sayco y ya.
Al Gore me felicitó por los 180 millones de árboles que voy a sembrar y me dijo que me quedarían faltando los 180 millones de hijos y los 180 millones de libros.
Muy interesado en Colombia, Al Gore me preguntó qué pensaba hacer con el paraco Salvatore Mancuso cuando regrese libre a Colombia, y le dije la verdad: lo que te diga es mentira.
En esas llegó Jasán y me dijo que teníamos una cita con el presidente de Suiza, y llamamos un Uber, pero en el camino caí en la cuenta que no me sabía el nombre del presidente suizo.
Yo tampoco —me confesó Jasán, y entonces le pedimos al chofer que parara en un café Estarbas pa gorriar guaifai y buscar en Gúgol. Menos mal buscamos: es una presidenta.
Y ahora qué hacemos, Jasán: yo le traje de regalo unas botas hechas por exguerrilleros y son de hombre, le van a quedar grandes. Pero Jasán es muy listo y consiguió periódico y les rellenó las puntas.
La presidenta de Suiza me agradeció el traído y me felicitó por el proceso de paz de Colombia “que es ejemplo mundial”… Y yo por dentro: hum, donde supiera que he bregado a sabotiarlo.
Formal la señora, pero qué momento tan incómodo porque yo no sabía de qué hablarle, entonces le dije: Misiá Simoneta, ¿aquí en Suiza es que no hay líderes sociales? Pues, se lo pregunto porque hoy no han matado ni uno.
Ñapa: ni el coronavirus ni Trump quieren venir a Colombia.