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Tola y Maruja le contestan a una uribista pacifista

30 de julio de 2016 - 09:09 p. m.

Pedagogas señoras,

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Soy una pacifista a morir, pero también soy uribista pura sangre y no sé cómo votar en el plebiscito porque francamente no entiendo del todo los acuerdos con la chusma. ¿Qué saben ustedes? ¿Es cierto que los maldingos guerrilleros no pagarán cárcel y serán congresistas? ¿Es verdad que en el plebiscito nadie nos comprará el voto?

 

Atentamente,

Úrsula de Buendía

Querida compartidaria,

 

Por su letra vemos que la caligrafía le quedó grande. Debe saber que nosotras también somos uribistas, pero pura tinta… de frisoles, y que estamos en las mismas: sin saber si Sí o si No.

A Tola y yo nos suena mucho la propuesta de “Congreso por cárcel” pa que los guerrilleros vayan de día al Capitolio y duerman en La Picota. O al contrario: duerman en las sesiones…

Pero nuestra proposición va más allá: que los guerrilleros amanezcan también en el Congreso, donde se pueden acobijar con las hojas del espediente del magistrao Pretel. Mejor dicho: convertir el Capitolio en guandoca, aprovechando su tradición.

Entonces ya las Comisiones del Congreso (a propósito, cómo quieren que no haya corrución si las llaman “comisiones”) no se llamarían Comisión Cuarta o Quinta sino Patio.

Y cuando un parlamentario oserve buen comportamiento (que los hay) puede tener permiso de salida de 72 horas, con su respetivo brazalete eletrónico.

Los senadores y representantes se pondrían alias: El Delfín, Ñoño, Mamola, Carecoima, Mermelao… y cada patio (antes Comisión) tendrá un cacique.

Ese cacique cobraría vacuna por las mejores oficinas y los congresistas pobres dormirían en los pasillos, en cambuches armaos con las pancartas que llevan los del Centro Democrático. A propósito, los partidos ya no se llamarían partidos sino “combos”.

Convirtiendo el Congreso en cárcel no solamente se evita el ausentismo, sino que los legisladores podrán emplear sus ratos de ocio elaborando artesanías y estudiando, pa rebajar su periodo.

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Claro que esta idea suena escandalosa, pero es realista, pues matamos dos pájaros de un solo tiro: los guerrilleros dentran al Congreso y al mismo tiempo purgan pena. Como en todo negocio justo, ganan las dos partes.

Es que no se nos puede olvidar, querida amiga, que esto es una negociación y en todo negocio toca dar gabelas. Como antioqueñas, tierra de negociantes, nunca jamás vimos un negocio en que uno de los dos deje el negocio, entregue la mercancía y convenga ir preso. Ni bobo que fuera.

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Ovio que Tirochenko y sus “buenos muchachos” pueden ir al Congreso. ¿No se trata de eso la reconciliación? Que se vuelvan mayoría (toco madera) será un problema de la democracia, que, como dijo el cieguito, “es un abuso de la estadística”.

Tranquila, Colombia no tiene riesgos de ser socialista: Maduro nos quitó las ganas.

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Tus tías que te quieren,

 

Tola y Maruja

 

Posdata: No falta sino que Santos le mande otra carta a Uribe pa invitarlo a dialogar sobre la venta de Isagén.

 

Ñapa: —Doctor Uribe ¿cómo va a votar en el plebiscito?

—No.

—¿Última palabra?

—Sí.

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