Hoy fue mamey alistar el desayuno del presidente Duque, pues lo despachamos con las sobras del 31: cueritos de pavo revueltos con uvas, y de sobremesa cunchos de espumoso.
—Tías—, dijo Iván dentrando a la cocina, —adivinen quién me mandó un guasá dándome el feliz año: ¡Maduro! Y me felicitó quizque porque a según el horóscopo chino, este es mi año—.
—No, todavía no—, le dijo Tola, arrebatándole una mogolla. —Báñese primero Ivancito y después desayuna, que está que llega su maestra de historia María Fernanda Cabal—.
—Pero, tía, ¿me tengo que bañar también los domingos?—. —Cómo le parece que sí, señorito—, le dijo Tola, arriándolo pa la ducha. —Está castigao porque sumercé va perdiendo Historia—.
—¿Cómo se le ocurre decir que los gringos ayudaron a la independencia de Colombia?—, dije yo, empujándolo debajo del chorro de agua. —Guásinton y Franklin lo único que hicieron fue ofrecele a Bolívar la visa de residente—.
—Sí, tías, reconozco que di lora—, dijo Ivancito, mientras Tola le enjabonaba la nalga y el “negocio”. —Pero es que yo estaba estudiando historia por radio con Diana Uribe, y como la quitaron…—.
—Por eso llamamos a la profesora Cabal, pa que le refuerce la historia de Colombia, y más ahora, con lo del Bicentenario—, dijo Tola, mientras le metía el estropajo en las orejas.
—Usté no puede salir con un chorro de babas, mi querido—, dije yo, juagándole la cocorota. —Tiene que estar cuchilla con la batalla de Boyacá y lo del Pantano de Vargas—.
—¿Vargas? ¿Vargas Lleras?—, preguntó sorprendido Ivancho. —¿Qué pantano me quiere armar ese vergajo? Lo dicho por mi apá Uribe: no hay mocho bueno—.
—Venga, mijo, repasemos la batalla de Boyacá, pa que se luzca en los discursos—, le dijo Tola, secándolo. —Arrecuérdese mijo que el que no conoce la historia está condenao a comprar los cidís de Diana Uribe—.
—Usté sabe, Iván, que el 20 de julio de 1810 fue el Grito de Independencia, o sea, que los criollos se cansaron del dominio español y dijeron: ¡No más corrución española, queremos corrución criolla!—.
—Y empezó una etapa en que los colombianos nos agarramos de las greñas entre nosotros, mientras España preparaba el desquite… Esa época se llamó la Patria Boba, muy distinta a la de hoy: la Patria Inmadura—.
—Uy, tías, no me la tiren prendida…mejor me aconsejan qué hago con los berriondos pastusos, que en su desfile de muñecos de añoviejo me la dedicaron y me pintaron como un títere—.
—Regalemos el departamento de Nariño a Ecuador, y santo remedio—, dijo Tola. —No sé—, metí la cucharada, —eso podría embejucar a los caucanos, que quedarían de pastusos—.
—Eso lo mejor es dale un escarmiento a los pastusos, pa que dejen la guachafita—, dijo Ivancito, embutido de arepa con gorditos. —¿Qué tal si sacamos a los pastusos de los chistes y metemos uribistas?—.
—Mejor sigamos con la historia, Iván: los patriotas se habían puesto de acuerdo con los españoles pa peliar en el puente de Boyacá, pero el bendito puente estaba sin terminar porque le habían dao la licitación a los Nule…—.
Ñapa: Tola y yo muy preocupadas, el 31 vimos al presidente Duque corriendo con maletas.
Payola: En el libro “Tola y Maruja sin agüeros” (entrevistas a personajes), Ernesto Samper cuenta su primer día de presidente y el primer “chicharrón”: se voló Chupeta.