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Tola y Maruja mercaban en Supercundi

25 de febrero de 2018 - 12:15 a. m.

Apreciadas cuchachas,

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Soy un ciudadano del común asombrado con los supermercados que, según la Fiscalía, tenían las Farc. Supe que ustedes dos eran clientas asiduas de ese almacén. Señoras, ¿nunca sospecharon que eso era de la guerrilla? ¿Es cierto que ustedes acumulaban puntos allá?

Atentamente,

Nonato Cañola

***

Querido Nono,

Por su letra vemos que es más torcido que los resultaos del polígrafo de Ordóñeze. Muy cierto, Tola y yo siempre íbamos a ese supermercao y llegamos a tener tarjeta de clientes fieles pa acumular Guerripuntos.

Nosotras nunca sospechamos que ese negocio fuera de la guerrilla, pero sí notábamos detalles que nos llamaban la atención, como por ejemplo que las cajeras nos trataran de “camaradas”.

También nos parecía muy curioso que en Supercundi diariamente había descuentos en botas pantaneras, telas camufladas y cantimploras.

Y nos intrigaba oír por los parlantes: “Supervisor alias Pategurre, favor presentase en información”. O: “Se necesita al comandante de granos”.

Otra cosa llamativa era que había muchos empleados menores de edá y que por la compra de dos granadillas encimaban una granada.

En julio siempre había una promoción pa competile a los almacenes Ley: “Llegó don Timo”. Y en Navidá se nos hacía muy raro que el Papá Noel de Supercundi tuviera barba negra, brazalete y una estrella en el gorro.

Había un concurso con el que los clientes ganábamos mercaos: consistía en acertale con un cilindro al retrato de Uribe. Y el premio era que le daban al cliente un minuto pa que agarrara lo que pudiera del almacén, y se llamaba “pesca milagrosa”.

Otros indicios: letreros tipo: Hoy, promoción de Carne de cañón. ¡Supercundi dinamita sus precios! En Merkandrea ahorrar es un tiro fijo. Si encuentras precios más bajos en otra tienda, avísanos para boletiarlos.

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Más indicios de que Supercundi era de las Far: la zona de comidas se llamaba “Zona de distensión”, los baños eran güecos en la tierra y los clientes no robaban porque sabían que los fusilaban.

Y en la seción de carnicería ofrecían danta, guagua, tatabra, mico y rodajas de anaconda. También anunciaban un “Kit del secuestrao”, que era cepillo de dientes, toldillo, un plástico negro y un ajedrez.

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Siguen los indicios: la música ambiental eran los corridos de alias Julián Conrado, el cantante de las Far, y en la seción de pasamontañas había una maniquía igualita a la holandesa Tanja.

Cuando uno preguntaba dónde estaba tal cosa, el empleado, que siempre tenía terciada una toballa roja, decía: “Por la trocha del medio”. O daba las coordenadas.

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Pero lo que más nos hizo sospechar que ese supermercao no era normal era que la cajera nunca nos preguntaba si queríamos donar la devuelta pa los güérfanos del conflito.

Tus tías que te quieren,

Tola y Maruja

Posdata: quizque el alcalde de Medellín le esigió a Petro que pa su manifestación presentara paz y salvo de Sayco… por si cantaban La Internacional.

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Ñapa: idea millonaria: inventar una luz morada pa reconocer los testigos falsos.

Payola: ¿Estresao con la campaña política? Andá a una librería y comprá el libro “Tola y Maruja sin agüeros”… y te vas a relajar.

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