VOTAR PARA CUERPOS REPRESENTAtivos no es hoy un acto sencillo, no consiste en la simple manifestación de una preferencia electoral, como lo piensan algunas teorías (por ejemplo, la Public Choice).
So pena de anular su voto, el elector del Congreso requiere cierta calificación en el manejo de matices técnicos del sistema electoral y de partidos. Al momento de llenar los seis complejos tarjetones que se le entregarán, no bastará la elemental información que posee el ciudadano raso. Requerirá un mínimo de preparación en las múltiples modalidades de voto que tendrá a su disposición.
El elector del Congreso tendrá que escoger, en primer lugar, en cuál de las dos circunscripciones del tarjetón del Senado —la general de cien senadores y la especial indígena— elige, ya que puede hacerlo en cualquiera de ellas. A su vez el tarjetón de Cámara de Representantes le ofrecerá tres circunscripciones para votar: la de candidatos del respectivo departamento, la de candidatos de negritudes y la de candidatos indígenas, pudiendo hacerlo en cualquiera de ellas (sólo en una).
Seleccionada una de tales circunscripciones, el ciudadano deberá tener claro cuál es el partido político o grupo significativo de ciudadanos de su predilección y marcarlo, pues sin este señalamiento no se ha emitido voluntad electoral alguna. Escogida su opción partidista, el votante deberá saber si su partido inscribió una lista cerrada (bloqueada) o una lista abierta (desbloqueada), ya que sólo esta última permite al elector ejercer el voto preferente, es decir, escoger, si así lo quiere (no es obligatorio), uno de los candidatos de la lista como su preferido. En tal caso, deberá haber memorizado el número del senador o representante preferido, ya que los nombres de éstos no figuran en la tarjeta electoral.
En las elecciones de marzo próximo, nuestro votante recibirá un tarjetón adicional para elegir los representantes de Colombia al Parlamento Andino, órgano llamado a propiciar el entendimiento entre pueblos hermanos. Y también, si lo solicita, le entregarán varias tarjetas más con las que podrá participar en la consulta interna para escoger el candidato presidencial de varios partidos. ¡Vaya faena saber sufragar válidamente!
Sin un entrenamiento preelectoral el ciudadano común no hará otra cosa que buscar afanosamente y marcar el número de la persona que quiere ver en el Congreso. Entonces el papel de los partidos políticos, como los auténticos competidores naturales de la democracia, seguirá debilitándose cada vez más. Además, la torpeza de muchos votantes seguirá generando casi un diez por ciento de votos nulos (sin contar tarjetas no marcadas), según la tendencia registrada en los últimos comicios.
Los propios partidos políticos y sus candidatos son los primeros llamados a cualificar a sus electores en la metodología del sufragio, labor mucho más fructífera que la superflua publicidad de vallas y pasacalles. Pero también las universidades podrían aprovechar los obligatorios cursos de formación constitucional (a veces aburridos) a fin de instruir en el ejercicio práctico de los mecanismos de participación y representación que se enseñan tan teóricamente.