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Un centenario digno de celebración

18 de noviembre de 2010 - 09:56 p. m.

EL 31 DE OCTUBRE, HACE CIEN AÑOS, el presidente Carlos E. Restrepo sancionaba la reforma aprobada por la Asamblea Constituyente.

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El centenario de la Constitución de 1886 —norma mito para la visión tradicionalista— fue un festejo fastuoso, con destinación de importantes recursos públicos y privados en investigaciones históricas, publicaciones y actos de gran solemnidad. Los fieles liberales, por su parte, celebraron el cincuentenario de la reforma constitucional de 1936 con excelentes recopilaciones documentales y publicitados foros políticos y académicos. En cambio, a la reforma de 1910 no se le ha dado la conmemoración que su gran significación histórica amerita; como si el paso más audaz en la construcción del Estado constitucional en estas breñas no fuera digno de una sonora efeméride, actualizadora de su valor republicano.

Como excepción a tan injusto olvido, por estos días se destacan dos actos académicos: el seminario realizado por el Consejo de Estado durante los pasados 3 y 4 de noviembre, evento centrado en la relación —a veces tensión— entre jurisdicción y democracia; y el seminario que nuestra Corte Constitucional está llevando a cabo en estos días —18 y 19 de noviembre— en Bogotá e Ibagué, y cuyo eje temático será la acción pública de inconstitucionalidad, verdadera creación original de nuestro constitucionalismo y pilar esencial en la construcción del Estado de derecho en Colombia.

El Acto Legislativo No. 3 de 1910 (pequeña constitución, según Pombo y Guerra) tiene muchas facetas memorables. Rompiendo una tendencia muy nuestra de imposiciones del vencedor sobre el vencido, no fue obra de un partido hegemónico, sino el fruto de un gran acuerdo entre fuerzas partidistas diversas, otrora enemigas. Los delegatarios de la Asamblea tuvieron claro que edificar el orden democrático-constitucional necesita la confluencia de diversas vertientes de pensamiento, en este caso desde liberales radicales (don Nicolás Esguerra) hasta fervorosos católicos (José Vicente Concha), pasando por conservadores moderados (Carlos E. Restrepo) y dirigentes de centro (Joaquín Collazos). Además, se atrevieron a ponerle el cascabel al gato: ensayar límites y controles jurídicos diversos al poder presidencial y, por ahí derecho, al legislativo.

Ni siquiera un colegial debería ignorar que hace cien años se depositó en las manos de todo ciudadano el formidable poder de cuestionar la ley arbitraria y provocar su invalidación, verdadero derecho de resistencia legítima ante eventuales extralimitaciones de la mayoría.

Pueden tener razón quienes afirman que a partir de la reforma del 10 Colombia entró a un remanso de afianzamiento institucional y sosegados relevos políticos, hasta mediados de los años cuarentas. Época de desarrollo cultural ascendente y tranquilo que, de no haberse interrumpido, tal vez hubiera fructificado en un país positivamente distinto al que hemos vivido.

Autorrectificación: la excelente banda pastusa de rock andino, destacada en la columna “Altavoz 2010: música y convivencia sin partituras” (5-XI-10), es la BámbaraBanda y no BárbaraBanda (Bámbara: expresión cotidiana de nariñenses).

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