Cuatro décadas de aciertos y desaciertos que vale la pena revisar con el fin de preservar lo bueno, corregir lo malo; con miras a una nueva estructura con dimensiones más amplias en el contexto Latinoamericano.
El pasado 26 de mayo, se cumplieron cuarenta años de la Comunidad Andina de Naciones CAN, inicialmente llamado Pacto Andino, el cual fue firmado con el nombre de: Acuerdo de Cartagena en 1.969; organismo multilateral que tuvo su origen en el Tratado de Montevideo que creó en 1.955 la Comisión Económica para la América Latina “CEPAL” con la misión de que previo estudio expandiera la globalización y la unificación de los mercados de la América Latina. La gestación de tan importante institución se inicio con la llamada declaración de Bogotá suscrita el 16 de agosto de 1.966 por representantes de los gobiernos de Colombia, Ecuador, Chile y Perú. Los Gobiernos de Bolivia y Venezuela adhirieron posteriormente.
Debemos ser conscientes que los beneficios Andinos a través de sus cuarenta años de existencia aunque con muchos altibajos ha beneficiado a toda la Subregión. El desarrollo industrial, comercial y cultural en todos los campos es muy notorio, caracterizándose también por ser promotor de importaciones y exportaciones masivas con gran impacto en la generación de empleo en las diferentes áreas de la producción.
Sin embargo, hay que reconocer con enorme preocupación, el deterioro actual en que se encuentra. Como se percibe en los actuales momentos, es imposible que siga, pero, hay que salvarlo a como de lugar. Nunca ha existido cohesión entre sus socios, recordemos que Chile se retiró en 1.976, puesto que no estuvo de acuerdo, con el tratamiento a los capitales extranjeros. Posteriormente fue Perú en el gobierno de Alberto Fujimori quién pidió licencia de diez años para retirarse temporalmente, en la actualidad se encuentra plenamente reintegrado; últimamente fue Venezuela quién lo hizo en forma unilateral y definitiva, su desmonte total se prevé para el año 2012, de conformidad con la Normatividad Andina.
Existen otra serie de factores que han contribuido al deterioro de la Can, y son los llamados Mecanismos de Integración Andina, puesto que se encuentran totalmente obsoletos e inoperantes; en sus cuarenta años de existencia, no Han sido sometidos a revisión y modificación alguna con el fin de ponerlos al día con las nuevas innovaciones y dinámicas del comercio exterior y el mundo de la globalización. Por ejemplo, el llamado Arancel Externo Común, que después de varias reuniones de alto nivel no fue posible ponerlo en práctica, se echó por la borda todo un trabajo de varios años; Las decisiones o fallos del Tribunal Andino de Justica, no pasan de ser un saludo a la bandera puesto que no tiene músculo jurídico para hacerlas cumplir; El Parlamento Andino con sede en Bogotá, cumple funciones sin ninguna identidad y razón de ser con la Normatividad de la Junta del Acuerdo de Cartagena, sus miembros son nombrados casi que a dedo por los gobiernos de turno o por sus respectivos Congresos.
Sin embargo, lo más preocupante son las rivalidades de orden político entre sus gobernantes, en los actuales momentos no existe escenario adecuado para que Colombia y Ecuador limen sus asperezas, retomen sus relaciones diplomáticas en aras reintegrarse a la Can, en armonía con Bolivia, Perú y en lo que sea posible buscar el regreso de Venezuela. Hay que aceptar la buena voluntad del actual secretario general de la Can, doctor Freddy Ehlers, que lucha para que este organismo salga del atolladero en que se encuentra. Es tan crítica la situación, que el TLC, que actualmente se negocia con la UE, toca hacerlo individualmente con cada País Andino, puesto que en bloque, ha sido un rotundo fracaso por las desavenencias entre sus socios, no existe identidad de criterios.
Considero que ante este panorama sombrío que se presenta, sus gobernantes deben hacer en alto en el camino, reflexionar sobre su importancia y para la próxima cumbre de mandatarios prevista para el mes de Junio, busquen acercamientos válidos con el fin revivirlo, modernizarlo y hacerlo más dinámico de acuerdo a las nuevas exigencias del Comercio Internacional. Una de la soluciones sería que su parte comercial se entregara para su manejo y administración a las Cámaras de Comercio Binacionales Andinas, con el fin de que sean ellas quiénes con la confianza depositada por los mismos gobiernos y empresarios de la subregión lo administren con equidad y justicia.
No olvidemos que las cláusulas de salvaguardia, para proteger la producción interna, ha sido un instrumento de abuso continuo en el desarrollo de las buenas relaciones comerciales. En este campo han pecado todos sus socios, muchas veces aplican la retaliación por cosas insulsas, pero que a la larga resultan creando dentro de la Subregión, la inseguridad Jurídica y por ende la desconfianza inversionista.
Que estos cuarenta años de Integración Andina, aunque maltrecha, nos sirva de reflexión. Quienes así lo concibieron, lo hicieron con fines muy altruistas; pero, quienes las han ejecutado a través de cuarenta años de existencia, han sido inferiores a esta noble causa.