El caso de las pirámides, tiene connotaciones tan profundas, que, ni aún, las mismas autoridades han pedido desenmascarar del todo el meollo del asunto. El problema generado es de tal magnitud, que, a medida que avanzan las investigaciones salen a la palestra pública grandes sorpresas: nuevas pirámides, personajes de la vida nacional involucrados, instituciones oficiales y privadas, comprometidas en el botín económico más vergonzoso y escandaloso de que se tenga noticia en la historia de Colombia.
Lo más aterrador de todo esto, es que, las pirámides, están permeadas por dineros de la guerrilla, el paramilitarismo, el narcotráfico y la delincuencia común organizada. Pero, hay algo más de fondo y tenebrosos aún, que no ha salido a la luz pública: son varios los gerentes de bancos y tesoreros de empresas oficiales y privadas, que se dejaron llevar por el camino fácil, con el espejismo de depositar dineros en las captadoras siniestras para duplicarlos en provecho propio. En los actuales momento están que salen en desbandada para evitar ser capturados una vez sean descubiertos.
El desplazamiento, el desempleo y la falta de oportunidades rurales, sumado a la prepotencia del sector bancario, son factores innegables que generaron semejante problema social, que, en los últimos días ha provocado saqueos, actos de violencia y vandalismo en varias ciudades. Por ahora, el gobierno, aunque tardía pero, con energía le ha puesto la cara al problema, prometiendo soluciones: de reintegro, créditos fáciles y atención pcicológica a los millones de ahorradores defraudados. Es claro que, podrá controlar la situación por unos días, mientras los ciudadanos estafados abriguen la esperanza de que así será, pero, en el momento en que se les empiece a incumplir, muy seguramente las protestas pasarán a otro campo muy distinto, puesto que se trata de padres y madres cabeza de familia; microempresarios y pequeños productores que invirtieron sus dineros para la futura manutención, educación de sus hijos y la ampliación de sus pequeñas empresas. Lo más grave, tienen su navidad embolatada, lo que indica que antes de quince días las protestas serán mayores.
Las pirámides tal cual estaban concebidas tenían controlada gran parte de la economía nacional con graves implicaciones en la industria de la producción, comercio y sector rural, puesto que, sus campesinos en vista de las dificultades de acceder al sistema financiero, llevaron sus ahorros a estas captadoras ilegales y se dedicaron a esperar los abultados intereses que les pagaban puntual y generosamente, olvidándose de trabajar sus predios. Muchas familias se encontraban desde hace varios meses y aún años, disfrutando de semejante bonanza. Siempre que acudían a cobrar sus intereses salían plenamente satisfechas, dando gracias al supremo creador por haberles mandado al “DMG, el mesías y mecenas de las clases más necesitadas”.
Pero, en medio de todo este escándalo, hay una pregunta que flota, se percibe y se palpa, y es: ¿qué se esconde de tras de todo esto? ¿El joven David Murcia Guzmán, presidente e inspirador, actúo solo? Personalmente creo que no. Detrás de este joven con cara de ingenuo y de buena gente, se maneja todo un tinglado de manipulación. Hubo alguien que hizo un estudio lo suficientemente serio, sobre la problemática social en Colombia, teniendo en cuenta sus razones y orígenes, para aplicar un diagnóstico social positivo, que aunque por fuera de la Ley, que empezó a dar sus frutos y se extendió por todo el País y el exterior como la fórmula mágica más asombrosa de captar dinero con las tentadoras retribuciones que todos sabemos.
Observemos, cómo fueron los bancos, jalonados por el sector financiero, quienes, ante los continuos desencajes prendieron las alarmas, para indicar a las autoridades monetarias que algo raro estaba pasando con el dinero circulante. No olvidemos también que con el desmoronamiento de las pirámides despertamos de una calma chicha y un sueño de modorra, que nos tenía bajo el arrullo de la recuperación de la economía. La bonanza de las familias para hacer sus compras y solucionar sus más agobiantes necesidades, era muestra fehaciente de que todo andaba bien y que los Colombianos estábamos disfrutando de lo ganado por nuestros propios esfuerzos. Infortunadamente todo fue una fantasía convertida posteriormente en farsa.
¿Y ahora que nos espera? Vendrán tiempos difíciles, amarrémonos muy bien los cinturones de seguridad porque esté fin de año va a ser de enormes dificultades. El 2009, se presagia con una enorme escases en todos los campos de la producción. Sumando a todo esto, agreguemos el cambio climático, que tiene al borde del abismo a casi todo el país agobiado por constantes lluvias y millones de compatriotas navegando en el lodo y viviendo en la más absoluta miseria.
Comunidad Desarrollo y Gobierno