Son dos fechas que están íntimamente ligadas al desarrollo y progreso de nuestro país. Cada una lleva implícita en su interior una misión que cumplir, como es la de velar por la calidad del grano y porque nuestros caficultores no desfallezcan en épocas de crisis proporcionándoles planes y programas de desarrollo.
Las fincas cafeteras junto con su paisaje cultural guardan en su entorno los más bellos recuerdos del pasado, cuando los habitantes de sus regiones, llenos de entusiasmo y con confianza en el futuro, derribaron a golpes de hacha inhóspitas montañas para dar paso a las nacientes fincas cafeteras, que hoy en día son verdaderos emporios de riqueza y orgullo de nuestra patria.
A lomo de mula, desafiando abismos y distancias, fueron los primeros pioneros en llegar por las sendas insípidas del progreso a sembrar los primeros almácigos cafeteros, que posteriormente se fueron perfilando para mostrar a Colombia y al mundo el pedestal de la grandeza cafetera.
El 27 de junio es Día Nacional del Café. Qué importante fuera para posteriores aniversarios si se implementaran programas culturales y medioambientales con el fin de dar a conocer al país y al mundo cómo es nuestra cultura cafetera, cómo se vive en ella, pero, sobre todo, mostrar el hermoso paisaje que en épocas de cosecha se asemeja a todo un pedestal de grandeza, colocado por la divina providencia en los confines de la tierra.
De otro lado hay que felicitar a la Federación Nacional de Cafeteros puesto que, en sus 92 años de existencia, viene liderando el bienestar social, económico y político de la caficultura, siempre ubicándola a la vanguardia del producto estrella tipo exportación.
Gracias a las políticas de la Federación Nacional de Cafeteros, nuestros productores pueden sentirse seguros, puesto que su actual gerente, Roberto Vélez, siempre está atento a sortear las dificultades para sacar adelante el gremio de las crisis que se presentan.
Con alguna frecuencia escuchamos falsos vaticinios sobre los bajos precios del café, como el que se presentó hace algunos días pero que, gracias a una política de entendimiento entre la Federación del gremio y el señor presidente de la República, logró sortearse con precios estabilizadores.
Por eso, el gremio caficultor puede respirar tranquilo, puesto que los malos presagios de los bajos precios temporales en adelante se podrán sortear exitosamente gracias a las políticas concertadas entre el gremio y el Gobierno nacional, y muy especialmente por la calidad del grano, trabajo arduo y entusiasta de sus cultivadores.
Pareciera que el bello paisaje cafetero alimentara las crisis que a veces se presentan por el desplome de los precios, pero gracias a la constancia y perseverancia de sus cultivadores, que todos los días fortalecen más su producción, estos hechos no pasan de ser simples pasajeros del destino.
Por más que los precios del café amenacen en desplomarse, nuestros caficultores continuarán cultivándolo con la fe del intrépido carbonero puesto que, bien o mal remunerado, continuará siendo el elíxir para sacar adelante a sus familias.
Muchas haciendas cafeteras, pequeñas o grandes, son fieles referencias de cómo sacar adelante numerosas familias cuyos miembros hoy en día son brillantes profesionales y ocupan altos cargos en la empresa pública y privada, todo gracias a que sus progenitores supieron sortear las épocas de bonanza con las crisis cafeteras, que con alguna frecuencia se presentan por diferentes circunstancias.
El café y su paisaje cultural cafetero guardan en su entorno y pasado un cúmulo de bellas vivencias traducidas por noctámbulos poetas y compositores que, con las primeras luces del día, las evocan para enamorar a las bellas campesinas que los alientan a iniciar con entusiasmo las duras jornadas.
El café continuará siendo uno de pilares fundamentales de nuestra economía y desarrollo social; de los 32 departamentos del país, en 23 de ellos se cultiva el grano y son más de 500.000 familias dedicadas al oficio.
A quienes pasamos los primeros años de nuestra existencia en alguna de las fincas cafeteras nos llena de emoción y de nostalgia recordar el hermoso espectáculo de las haciendas en épocas de cosecha, primero llenas de azahares en blanco y después teñidas de frutos verdes y rojos para ser recolectados muchas veces por hermosas chapoleras, cuya presencia y constancia ha servido de inspiración a bellas obras musicales y de teatro.