“Sí se puede” fue el eslogan utilizado por el doctor Belisario Betancur, q.e.p.d., como arma de combate contra el expresidente y candidato de la época Alfonso López, que ante sus propuestas de gobierno en las plazas públicas siempre le respondía con un “No se puede”.
Estas dos frases, positiva y negativa, fueron acogidas por la opinión pública para evaluar la sinceridad y actitud programática de cada uno de los candidatos, fue tanto su furor que los publicistas hicieron su buen negocio, imprimiendo afiches y volantes con las dos alternativas.
Belisario Betancur se posesionó como el presidente de la paz y la reconciliación entre todos los colombianos, tuvo la obsesión de hacer la paz con el grupo guerrillero de las Farc, hasta lograrlo con su consejero presidencial, monseñor José Luis Serna Alzate, pero finalmente todo se diluyó ante las promesas incumplidas de las Farc.
Sin embargo, quedó el camino abonado para que su sucesor, Virgilio Barco, tomara como base dichas experiencias y fue así como logró firmar el acuerdo de paz con el denominado grupo guerrillero M-19; muchos de ellos, al abandonar las armas, se reintegraron a la vida civil y accedieron a las corporaciones legislativas y han ocupado cargos en diferentes gobiernos.
El fallecimiento del expresidente Belisario Betancur deja en la mayoría de los colombianos el grato recuerdo de haber tenido durante cuatro años, 1982 a 1986, a un presidente con una convicción absoluta de la realidad en que vivía el país: con unos grupos guerrilleros armados, sin ningún norte para iniciar un proceso de paz, el narcotráfico y el paramilitarismo en todo su furor.
Sin embargo, su gobierno fue bastante accidentado, dos hechos casi que consecutivos enlutaron al mundo y aún hoy son escenarios de debates nacionales e internacionales por las medidas de previsión que han debido adoptarse para evitar que sucedieran: el primero de ellos fue la toma a sangre y fuego del Palacio de Justicia, por parte del M-19, donde murieron más de 100 personas, entre ellos 12 magistrados incluido el presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Pero lo más doloroso de este caso ha sido la cacería de brujas para saberse la verdad de lo ocurrido. El presidente Betancur siempre sostuvo que no podía en calidad de gobernante violar la Constitución y la ley inclinándose hacia los grupos guerrilleros que hacían serias exigencias que comprometían la legalidad de nuestro Estado de derecho.
Los hechos sobre este primer caso aún no están del todo esclarecidos, esperamos que la anunciada obra póstuma del expresidente Betancur aclare de una vez por todas el asunto y se sepa toda la verdad de cómo ocurrieron los hechos.
A ocho días de ocurrida la toma del Palacio de Justicia, la furia de la naturaleza se ensañó contra la población de Armero, Tolima, que sepultó a más de 23.000 habitantes y dejó en la miseria y absoluta desolación a otro buen número de compatriotas, que al día de hoy no han podido sobreponerse a tan dura tragedia.
Como presidente también le tocó el secuestro de su hermano Jaime Betancur, magistrado de la Corte Constitucional. Los secuestradores, ante las exigencias para liberarlo, se llevaron la tremenda sorpresa cuando el presidente Betancur les advirtió que no negociaría con delincuentes y mucho menos en detrimento de nuestro Estado de derecho.
Uno de los logros más importantes para las clases menos favorecidas fue la implementación de la vivienda de interés social sin cuota inicial, fueron miles las familias que se favorecieron y que hoy la disfrutan gracias a su política social de una vivienda digna.
También le tocó enfrentar el narcotráfico, en las nefastas épocas de Pablo Escobar Gaviria, que terminó asesinando a su ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, y de ahí en adelante se implementó la extradición hacia los Estados Unidos.