Aranzazu, por su trascendencia e historia, es un pueblo donde se ama, se vive y se espera; constantemente están surgiendo nuevos desafíos que se traducen en planes y programas de desarrollo, enarbolados con el entusiasmo, empuje y el querer de sus gentes.
Las Fiestas de la Cabuya surgieron de un grupo de ciudadanos, cívicos y altruistas, que no se equivocaron y miraron esta posibilidad, desafiando el futuro y enormes dificultades, entre ellas las adversidades políticas, que finalmente se convirtieron en mensajes típicos, convertidos hoy en planes y programas de desarrollo.
Si la Unesco, para declarar patrimonio inmaterial de la humanidad unas festividades, busca en ellas un mensaje claro, además de cultura, proyección nacional e internacional, desarrollo y generación de empleo con proyectos productivos e innovaciones, todos estos requisitos los encontrará en las Fiestas de la Cabuya de Aranzazu (Caldas), que siempre vibran al son de las esperanzas, la camaradería y la sana convivencia.
A través de más de 60 años que venimos celebrándolas, no nos hemos dejado amilanar por los empaques plásticos, antes por el contrario, ahora que la guerra contra ellos es mundial, mundialmente también promoveremos nuestros cultivos y productos de fique, con derivados en todas sus modalidades, aprovechando los residuos líquidos y bagazos.
Al evocar las Fiestas de la Cabuya en mi Aranzazu natal, viene a la memoria el derroche y sano esparcimiento, donde la belleza de sus mujeres se confunde con la majestad del paisaje, conformado por veredas habitadas por gentes buenas, honestas y emprendedoras; cada una de ellas, por su belleza, tranquilidad y pujanza, pareciera ser una estación del cielo en los confines de la tierra.
Las artesanías en fique, confecciones y empaques elaborados por delicadas manos femeninas le han dado la vuelta mundo y son el podio de referencia para decir que esta fibra es la única biodegradable en el mundo y que su siembra, cultivo, artesanías y agroindustrialización tienen futuro asegurado, puesto que sus empaques y demás productos en general son como los soldados de una guerra sin cuartel, que luchan por derrotar a los empaques plásticos.
Las Fiestas de la Cabuya, que desde 1953 vienen celebrándose en el municipio de Aranzazu —últimamente cada dos años—, reúnen los requisitos necesarios para que sean declaradas por la Unesco patrimonio inmaterial de la humanidad, máxime en estos días en que se celebra el simposio internacional de entidades declaradas como tal, con la asistencia de varios países.
Sobre las celebraciones de las Fiestas de la Cabuya existe todo un bagaje de cultura, constancia y perseverancia, puesto que los aranzacitas jamás claudicaron a lo que ha sido en todo momento la amenaza de los empaques plásticos, que han causado graves daños al medio ambiente y acabado con cientos de especies acuáticas y terrestres.
Esperamos que la Unesco, con el Ministerio de Cultura a la cabeza, la Alcaldía municipal de mi pueblo y la Gobernación de Caldas empiecen a recopilar las informaciones correspondientes, puesto que en cada versión, que a la fecha son más de 30 celebraciones, queda el perfil de un avance para mejorarlas hacia el futuro.
Las investigaciones que el suscrito ha realizado sobre este particular hasta la fecha, teniendo en cuenta los coeficientes sobre comunidad y desarrollo, arrojan un resultado muy positivo para que la versión del año 2020 cuente con el galardón expedido por la Unesco y así podamos avanzar con mayor firmeza hacia el futuro, con un mercado innovador, para colocar los productos del fique y sus derivados en los mercados nacionales e internacionales.