Un político que se burle y se atreva a frustrar las aspiraciones deportivas de las juventudes lo único que merece es el repudio social y político de las comunidades que fueron engañadas.
Engañar a las juventudes, con promesas incumplidas, es inducirlas por los caminos de la drogadicción y la delincuencia. Este tipo de personajes no son dignos de elegir ni ser elegidos, puesto que carecen de toda autoridad moral para hacerlo.
Esto fue lo que hizo el señor Mauricio Lizcano cuando siendo presidente del Senado de la República visitó a Aranzazu, donde lo recibieron calurosamente, con calle de honor, y como si fuera poco lo condecoraron en el Concejo Municipal. Allí prometió construirles la cancha deportiva más moderna del departamento de Caldas, pero después de tres años no se ha colocado el primer ladrillo.
Lo más grave es que el presupuesto de la obra fue apropiado por el Gobierno Nacional y hasta la fecha nada se sabe ni en bolsillo de quién anda; valdría la pena que los organismos de control investigaran para conocer quiénes fueron los defraudadores de las juventudes en este ilícito.
Sin embargo, con semejante estrella negra, el exsenador Mauricio Lizcano tiene el cinismo de visitar nuevamente nuestro pueblo en compañía de su padre, Óscar Tulio, pidiendo votos para promover a sus candidatos a la Gobernación, alcaldías y concejos municipales, que en su mayoría son ciudadanos de bien pero están mal apadrinados.
El próximo 27 de octubre los caldenses tendremos el enorme desafío de elegir a nuestro futuro gobernador, alcaldes, diputados y concejales, que sean personas comprometidas con el departamento, sus municipios, corregimientos y veredas, y sobre quienes no recaiga el más mínimo señalamiento de inhabilidades ni dependan de jefes cuestionados política y moralmente.
Los dirigentes políticos deben ser ante todo personas impolutas, libres de cualquier mención de orden social o político que los inhabilite para conducir los destinos de una región.
Es preocupante, por ejemplo, que en Riosucio, resguardo de San Lorenzo, santuario de los señores Lizcano, existan brotes de inseguridad cuando grupos de encapuchados vestidos de negro y portando armas de fuego, que dicen pertenecer a las Farc, recorren el caserío haciendo alarde de autoridad y atemorizando a la población.
De otro lado, en Samaná, donde existen cultivos de coca, sus habitantes están seriamente preocupados puesto que las autoridades del departamento de Caldas no han querido actuar sobre este problema, viéndose obligados a pedir ayuda al gobernador de Antioquia, Luis Pérez.
Lo anterior nos motiva a preguntarnos: ¿qué es lo que está pasando en Caldas? ¿Será que regresan las épocas nefastas para nuestro departamento, otrora remanso de paz, emporio de riqueza, habitado por gentes trabajadoras, honestas y altruistas?
Así por el estilo, los señores Lizcano tienen un inventario de promesas incumplidas en la mayoría de los municipios, corregimientos y veredas del departamento de Caldas, además de promesas burocráticas que no se cumplieron y que tienen a varios profesionales frustrados, al haberlos utilizado como promotores de sus campañas políticas y finalmente abandonarlos a su suerte.
Es preocupante que algunos caldenses pretendan votar en las elecciones del próximo 27 de octubre bajo las orientaciones de los señores Lizcano, padre e hijo, cuando en sus hojas de vida y de servicios a la comunidad existe un prontuario de incumplimientos en el desarrollo de obras en casi todos los municipios del departamento de Caldas.
Los Lizcano orientan en Caldas el Partido de la U, movimiento político que, si bien está dando sus últimos bostezos en cuidados intensivos, se encuentra rodeado por un grupo significativo de ciudadanos, muchos de ellos con aspiraciones a ser elegidos en los comicios del 27 de octubre para diferentes cargos de elección popular.
Debemos reconocer que la nómina de aspirantes, empezando por los candidatos a la Gobernación de Caldas (Luis Carlos Velásquez) y a la Alcaldía de Manizales, está compuesta por personas con una trayectoria social, económica y política reconocida por toda la comunidad caldense.
Lo mismo sucede con los aspirantes a la Asamblea y concejos municipales; en su mayoría son ciudadanos de bien, sin ningún impedimento, pero lamentablemente el estar avalados por los “jefes” Lizcano, del Partido de la U, les va a quitar muchas posibilidades de resultar elegidos en los próximos comicios.
Por eso, es importante votar para los diferentes cargos de elección popular por candidatos que sean independientes o que, si pertenecen o dependen de una agrupación, partido o movimiento político, sean lo suficientemente sólidos moral y políticamente, para que no resulten ser el estribo de gamonales políticos irresponsables que les imponen condiciones y órdenes por cumplir en el desempeño de sus funciones ejecutivas o legislativas.
En este orden de ideas, es apenas lógico que quienes resulten elegidos por el lizcanismo en cargos de elección popular no vayan a tener la oportunidad de ser autónomos e independientes en el desempeño y ejercicio de sus cargos, puesto que dichos señores no dan puntada sin dedal; con su nuevo caudal administrativo y legislativo, empezarán a armar las elecciones al Congreso para continuar engañando a incautos electores.