No debemos escatimar ningún esfuerzo para evitar que a Colombia llegue el síndrome de las masacres colectivas, que ya se volvió viral en los Estados Unidos —Dios no lo permit—, pero estamos ad portas de ser sorprendidos por hechos violentos con masacres a la cabeza, tal cual está ocurriendo en el país del norte.
La niñez y las juventudes de hoy son barcos que van a la deriva, están navegando por los mares turbulentos de la violencia, el sexo y el consumo de drogas; el timonero mayor de ese barco, puede decirse sin lugar a equívocos, es la misma sociedad con sus dirigentes a la cabeza, puesto que no les importa fijar un destino para construirles el puerto seguro de llegada, que si bien se están formando profesionalmente, les está haciendo falta ser coherentes con la razón, la lógica, las responsabilidades y las obligaciones del futuro.
Ese puerto seguro de llegada es sencillamente el enorme desafío que espera a las juventudes de hoy, que se están formando sin ninguna orientación para dirigir las sociedades del futuro; por eso, los mayores y quienes tenemos ciertas responsabilidades ante los medios de comunicación debemos servir de timoneros, para evitar que las sociedades del futuro se sigan construyendo sin los pilares fundamentales de principios y valores.
Principios y valores, son los soportes fundamentales sobre los cuales deben construirse todas las sociedades que se precien de ser organizadas, pacíficas y progresistas, lamentablemente las de hoy se construyen y se levantan sin estos requisitos básicos, razón por la cual no tienen defensas para enfrentar el presente y el futuro.
Siempre he creído que la práctica de principios valores debe institucionalizarse mediante ley de la República, y ser de obligatorio cumplimiento en todos los establecimientos educativos e instituciones públicas y privadas del Estado.
Tenemos que aceptar que nuestra juventud está más que descontrolada; la violencia, la intolerancia, el consumo de drogas y los embarazos de niñas a muy temprana edad son producto de la casi nula orientación que sobre las drogas y la sexualidad debería recibirse obligatoriamente en todos los establecimientos educativos.
Que jóvenes estudiantes se desafíen por internet para sostener un duelo a la salida de los establecimientos educativos, simplemente para recibir el aplauso de sus compañeros, y finalmente resulten lesionados para complacencia de los mismos, es la primera fase de la violencia verbal y física permisiva, que si no se corrige a tiempo posteriormente generará factores de mayor criminalidad como los que vienen ocurriendo con frecuencia en los Estados Unidos.
Por eso, a la pregunta: por qué la juventud está violenta, es difícil de responder; todo lo que ha venido sucediendo a nivel mundial y en nuestro medio nos permite sacar varias conclusiones del ordenamiento de la autoridad, pero, al mismo tiempo, darnos cuenta de que las medidas adoptadas para controlarla no están dando los resultados requeridos.
Las leyes de protección, decretos y resoluciones dictados por las autoridades competentes y en el campo educativo se quedan en letra muerta, puesto que, debido a la falta de investigaciones para cada caso en particular, nos damos cuenta de que no se centran en la estricta problemática social del momento, que se deriva de diferentes comportamientos que no encajan dentro de los principios y valores de formación académica que deben ser de obligatorio cumplimiento en todos los establecimientos educativos, centrados en los manuales de convivencia, los cuales deben estar acordes con las circunstancias de tiempo, modo y lugar.
Los padres de familia deben formar parte activa en la construcción de los manuales de convivencia, aportando sin ningún reato los aconteceres en el seno de sus hogares; solamente mediante un diálogo abierto y sincero podríamos rescatar a nuestras juventudes del fango en que se encuentran.