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El viacrucis de la Iglesia

14 de septiembre de 2018 - 03:15 p. m.

La Iglesia católica parece vivir en estos tiempos su propio viacrucis. En países europeos que eran un referente del catolicismo, como Irlanda, las personas que lo profesan pasaron de constituir el 95 % al 76,1 % de la población. Los obispos católicos comenzaron a realizar investigaciones por conductas sexuales inapropiadas en seminarios de Boston, Nebraska y Filadelfia. En Chile el encubrimiento sistemático de las autoridades eclesiásticas frente a los abusos sexuales de sus integrantes generaron una indignación sin precedentes, y en Argentina la postura de la Iglesia sobre iniciativas legislativas relacionadas con el aborto causaron extensas protestas en sectores ciudadanos.

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Justo cuando al frente del catolicismo en el mundo se encuentra una figura reformadora como el papa Francisco, la Iglesia parece estar en el centro de la controversia en distintos lugares del mundo. Ello es aprovechado por sectores retardatarios en el seno de la propia institución religiosa para atacar la forma en que Francisco conduce y pretende renovar a la Iglesia. El pontífice actual se ha distanciado del pasado al desaprobar el ocultamiento de conductas sexuales como la pedofilia, por largo tiempo encubiertas en países como Irlanda y Estados Unidos. Lo doloroso de estas graves e inocultables prácticas es que opacan la labor social en diferentes campos de miles de sacerdotes, monjas y demás miembros de su Iglesia, cuya conducta ha sido intachable. Sin embargo, una política de mayor transparencia no parece ser suficiente para contener la indignación ciudadana. Las víctimas rechazan cualquier tipo de impunidad, como la de recluirlos en un convento o trasladarlos a otras parroquias.

Lo anterior ha puesto en el centro del debate la práctica del celibato, a la cual se culpa de estimular todo tipo de abusos sexuales. Sin embargo, según psiquiatras expertos en el tema, esta asociación puede ser arbitraria, pues el celibato no transforma automáticamente a un individuo en pedófilo. Lo que parece evidente es que quienes tienen inclinación a la pedofilia buscan ámbitos sociales que les permitan entrar en un contacto más directo con sus víctimas y hallarlas en una condición subalterna. Entre ellos pueden encontrarse entrenadores deportivos, educadores, productores de cine, curas y hasta conductores de transporte escolar. La Iglesia no fabrica a los pederastas, pero estos buscarán un ámbito protector para garantizar su impunidad si encuentra una estructura que oculte sus acciones delictivas.

Autores como el filósofo francés Marcel Gauchet consideran que en los tiempos actuales “la Iglesia no puede pretender, como ha pretendido durante mucho tiempo, que su ética y su moral sean la ética y la moral que se imponga a toda una sociedad que es plural”. En consecuencia, la Iglesia deberá ajustar muchas de sus normas y prácticas, pues estas no deben ser consideradas como principios de carácter inmutable y ahistórico. El futuro de la Iglesia y la salida a la crisis actual pasarán por temas cruciales como su relación con el poder, la permanencia del celibato y la igualdad de la mujer en los ámbitos de decisión, en el pensamiento católico y la reflexión teológica.

 

wilderguerra@gmail.com

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