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Nuestra larga relación con Holanda

15 de abril de 2016 - 03:14 p. m.

Es muy grato saber que Holanda es el país invitado este año a la Feria del Libro de Bogotá.

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Destacadas figuras de la literatura y también de las áreas de historia, urbanismo, arquitectura y diseño de ese país participarán en conversatorios, charlas académicas, eventos, exposiciones y ciclos de cine. Aunque el boletín oficial de la feria señala que “cerca de 50 años de historia unen a los dos países”, la verdad es que nuestra relación con el también llamado Reino de los Países Bajos comprende varios siglos de intercambios demográficos, económicos y culturales.

La presencia holandesa en los dominios americanos es temprana. Dos hechos inciden en esa incursión: la creación de la llamada Compañía de las Indias Orientales en 1602 y la caída de Curazao en 1634. Para romper el monopolio español en este continente, los holandeses recurrieron a la colonización, el pillaje y el contrabando en gran escala. Gracias al gran desarrollo de sus medios navales desde sus áridas posesiones en el Caribe insular recorrieron las costas de América y penetraron a través de sus ríos hasta el continente, llegando a comerciar tanto en el Orinoco como en el Atrato. Durante el siglo XVIII los comerciantes judíos de Curazao vendieron sus productos en la Nueva Granada a través del llamado Camino de Jerusalén. Éste partía de los puertos guajiros, cruzaba la región del Valle de Upar y llegaba hasta el puerto fluvial de Mompox, desde donde sus mercaderías se distribuían hasta el propio corazón del Virreinato.

Quizás el antecedente primigenio de nuestras relaciones diplomáticas se encuentre en un suceso singular: la visita del jefe guajiro Caporinche a la isla de Curazao en 1752. Este indígena fue recibido por las autoridades locales prácticamente como un jefe de Estado. Los habitantes de la isla lo vistieron a él y a sus acompañantes con casacas y pelucas, haciéndoles muchas fiestas y honrándolo a su entrada y a su salida de la isla con una salva de 15 cañonazos. Los holandeses realizaron formal convenio con los representantes guajiros para apoyarlos con armas y municiones en su lucha contra la Corona española y resguardar el comercio entre las dos naciones. Los funcionarios hispanos se quejaban amargamente en sus comunicaciones de la desvergüenza con que los guajiros protegían con todas sus fuerzas el comercio holandés.

Los comerciantes judíos de Curazao apoyaron a Bolívar con recursos para la causa independentista. Es necesario recordar con gratitud al almirante Felipe Luis Brión, natural de Curazao, quien jugó un papel decisivo en la libertad de nuestros mares. Durante la Segunda Guerra Mundial, los submarinos alemanes atacaron embarcaciones de la marina real holandesa en el Caribe colombiano, como el buque mercante SS Flora, hundido en 1942 frente a las costas de El Pájaro, en La Guajira.

Por todo ello será muy grato conversar en la Feria del Libro con el académico holandés Sytze van der Veen, experto en las relaciones entre Colombia y Holanda, dos países unidos de manera fluida por el mar y por la historia.

wilderguerra@gmail.com

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