Domingo 17 de junio de 2018. Siendo las siete de la noche con cuatro minutos, el entonces candidato ganador Iván Duque subió con su familia a la tarima para dar su primer discurso como presidente electo de los colombianos.
Era un momento importante. No solo por ser la mayor votación de la historia sino por ser el presidente más joven con una agenda supuestamente transformadora y un discurso conciliador, en el que dijo que no iba a gobernar con odios. La historia se ha encargado de demostrar lo contrario.
A las siete de la noche con seis minutos, entre varios abrazos del presidente electo Duque con el asesor de campaña Luigi Echeverry, el micrófono de la transmisión pesca la voz de Echeverry diciéndole a Duque: “Vamos, duro con eso, hágale, ahí lo tiene, ahí tiene el país”.
Pues le hizo caso porque ha sido duro con el país.
Pero lo interesante pasó un minuto después cuando la transmisión muestra que en el fondo sube a la tarima la jefe de debate de la campaña, Alicia Victoria Arango Olmos, con una cara de molestia. Su expresión no cambió en los 28 minutos que duró el discurso del entonces nuevo presidente de los colombianos, en los que se veía regocijo y sonrisas de los otros acompañantes. (Ver Video).
Fuentes cercanas a la campaña confirmaron que Arango estaba disgustada ya que no fue invitada inicialmente a subir a la tarima, cosa que sintió como un desplante de su nuevo jefe.
Tan solo dos días después de eso, en una entrevista con la emisora W Radio el 19 de junio, Alicia Arango dejó caer una perla que ha parecido ser el mantra de esta administración: “Gobernará Iván Duque, pero no hay que olvidar que Uribe es nuestro jefe”. (Ver W Radio).
Sepulcral.
Principalmente, porque dejó ver que el problema más grande del presidente es que tiene un jefe distinto del pueblo que lo eligió y al que juró servir.
Esas declaraciones fueron el inicio de lo que ha sido una relación compleja entre Arango y el mandatario. Poco después de esto se conoció que Duque no le dio el ministerio que Arango quería y había pedido, sino que la puso en la cartera de Trabajo como una suerte de ponerla en la línea.
Pues el castigo lo han terminado pagando los trabajadores colombianos, en particular por la forma amañada y engañosa con la que la ministra ha manejado el tema de la reforma laboral.
Recordemos que tanto la ministra de Trabajo como el presidente Duque siempre negaron que estuvieran pensando en presentar una reforma pensional y una laboral, y aseguraron que eso era una mentira creada por los organizadores del paro del 21 de noviembre de 2019.
El 20 de noviembre, un día antes del paro nacional, Arango envió un trino asegurando que no existía “ninguna letra sobre la reforma laboral” y reiteró que “cualquier iniciativa de reforma pensional o laboral debe pasar primero por la mesa de concentración de políticas salariales y laborales”.
Lo mismo había hecho el día anterior en el programa La Noche de NTN24, donde ella y el presidente aseguraron, como repitiendo un guion, que no era cierto que se fuera a presentar una reforma laboral o pensional. “En la Mesa de Concertación Laboral dejamos claro que no existen ni una reforma pensional ni una reforma laboral que esté preparando nuestro Gobierno”. (Ver Trinos).
Menos de 20 días después la ministra Arango dio una vuelta canela sin despeinarse en una entrevista en Portafolio presentando las bases de la reforma laboral con el gran titular de “Se podrá contratar de muchas maneras”. (Ver Reforma por horas).
Las reformas siempre han estado listas y siempre han sido negadas, demostrando su estirpe real. No se puede desconocer que Arango es una uribista de pura sangre y que llegó al primer gobierno del expresidente Álvaro Uribe Vélez después de venir de ser funcionaria de la alcaldía de Enrique Peñalosa.
Arango fue nombrada como secretaria privada del presidente Uribe el 7 de agosto de 2002 bajo el decreto No. 1814. En ese momento comenzó a trabajar junto a Alberto Velásquez, posteriormente condenado en el marco del escándalo de la “yidispolítica”.
Arango también fue embajadora de Colombia en Suiza en el cargo de diplomática para la Misión Permanente de Colombia ante Naciones Unidas en Ginebra y en el 2015 fue directora del Centro Democrático. En todos estos cargos siempre ha sido una persona de la entraña de Uribe.
Su cambio en este momento de la cartera de Trabajo al Ministerio del Interior corresponde a ponerla de responsable para que el Congreso apruebe esas reformas que hicieron y trataron de esconder. Para eso también el presidente entregó ministerios, y mermelada, a varios partidos políticos para lograr los votos necesarios en el Legislativo para que sus reformas sean aprobadas.
Entonces más que un revolcón ministerial real, es un enroque donde se les da más poder a las cartas del senador Uribe, recordando la atinada frase de Alicia Arango de que, aunque gobierne Iván Duque, no se puede olvidar que Uribe es el jefe. Esa es la realidad de este gobierno maniatado.
@yohirakerman, akermancolumnista@gmail.com