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La ley para Nicolás Gaviria

07 de marzo de 2015 - 09:00 p. m.

El señor Nicolás Gaviria no es relevante para el debate nacional, pero sí lo es la cultura clasista que esconde su terrible accionar y los privilegios ante la ley de los que gozan algunos ciudadanos.

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Empiezo por aclarar que conocí al señor Nicolás Gaviria en alguna ocasión, y que, más importante aún, respeto, admiro y aprecio mucho a su familia extendida.

Por eso digo que aunque es claro que una mala noche de tragos, o dos, no definen a un individuo, las disculpas que se piden la mañana siguiente, y el aprendizaje de este error, sí lo hacen.

Ahí es donde más se equivocó el señor Gaviria. Repito, todos pueden tener momentos desafortunados, lamentables, erráticos y bochornosos. Esa falta no debe determinar a una persona, ni su personalidad, ni su familia, pero sí lo hace cómo se reacciona y la capacidad, genuina, de arrepentimiento y reflexión.

Nada de eso se oyó la mañana siguiente de los hechos en las afirmaciones públicas del señor Gaviria; solamente unas excusas erradas y prepotentes. Y en eso hay que ser claros: nada justifica su actuación. Nada. Y por ahí debió empezar su declaración.

Según los dos videos publicados por los medios de comunicación, el señor Gaviria incurrió en el siguiente listado de errores: amenazar de muerte a una persona y a su familia, golpear a un miembro de la Policía, personificar a un funcionario público, agredir verbalmente a varios oficiales, mentir al presentarse como familiar del expresidente César Gaviria, caer en racismo al amenazar a los policías con enviarlos, de manera despectiva, al Chocó, y, posteriormente, utilizar sus contactos dentro de las Fuerzas Armadas para salir de la URI sin cargo alguno, y pasar la noche en su casa.

Esto, jurídicamente, se traduce en tráfico de influencias y violencia contra servidor público, pero, evidentemente, plantear que por eso debe pasar cinco años en prisión como consecuencia de este episodio es, sin duda alguna, desmedido e injustificado.

Ahora bien, no nos podemos equivocar; si el señor Gaviria hubiera sido un joven desconocido o de escasos recursos, seguramente hubiera amanecido en la cárcel como consecuencia de sus acciones.

Por eso este caso refleja fracturas graves de la democracia, y una especie de privatización de la ley, donde se demuestra que la autoridad y el castigo reaccionan de manera diferente cuando, por ejemplo, el transgresor es de alto perfil, ocupa un cargo público, o hace parte de una familia reconocida.

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Eso es lamentable.

Pero la razón para eso es más grave aún, y es que algunos directivos de la Policía, o de las Fuerzas Armadas en general, son corresponsables de esta deformación ya que contestan las llamadas de este tipo de personas influyentes o de alto perfil, que se sienten que no les deben respeto u obediencia a las indicaciones de los oficiales o patrulleros, y efectivamente, les conceden un trato especial y diferenciado.

Eso produce asco social.

La pregunta del señor Gaviria a los diferentes oficiales que estaban cumpliendo su deber es una evidencia de esa aberración de la autoridad.

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Sí, señor Gaviria. Sí sabemos quién es usted y, la verdad, eso no importa. Porque nadie está por encima de la ley y, por el contrario, aquellos que tienen un rol de dar ejemplo, como usted por haber hecho parte de la Policía Cívica, están más llamados a respetarla y a hacerla valer. No hay dudas de eso.

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