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Elijo soñar

13 de julio de 2015 - 11:22 p. m.

A pesar de los sonidos de las bombas de las últimas semanas, del crescendo de la guerra, de tanto escepticismo y pesimismo; a pesar de que me cuesta entender tanta torpeza política de las Farc y tanta mezquindad de los que sacan provecho de la guerra, elijo soñar que pueden más las palabras que las balas. Quiero creer que esta vez será posible encontrar en ellas la salida que no nos han dado las balas en más de medio siglo.

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Elijo soñar porque en la vereda El Orejón en Antioquia, hombres de las Fuerzas Armadas y de las Farc trabajan hombro a hombro en una labor humanitaria desminando uno de los tantos territorios sembrados de muerte. Si lo pueden hacer allí, tal vez será posible hacerlo en otros lugares. Si pudieron los guerreros encontrarse y trabajar juntos, de pronto todo lo demás puede ser posible.

Elijo soñar porque comienzan a hablar ya de cese al fuego definitivo y de bajar la intensidad del conflicto. Elijo soñar porque no se puede perder lo andado, porque seguir en guerra es lanzarse al abismo, porque acabar esto a plomo no ha sido posible.

Elijo soñar porque varios países han mandado sus delegados durante varios años a la Habana y nos han acompañado y nos alientan a seguir. Ellos que saben lo que se mueve por dentro de la mesa siguen firmes y nos dicen que se puede llegar. Elijo soñar porque otros lo han logrado, porque muchas guerras en el mundo se han terminado dialogando, porque pactar con el enemigo es el camino cuando ningún bando vence en el campo de batalla.

Elijo soñar porque no es cierto, como nos dijeron, que estábamos en el comienzo del fin del conflicto y porque los generales que conocen los escenarios de guerra saben que nos quedan 10, 15 o más años de conflicto sangriento si no logramos acuerdo ahora. Hay guerra para rato porque el narcotráfico y todas las mafias (la del oro, la del contrabando, la de la extorsión) la alimentan con dineros frescos que permiten renovar una y otra vez la carne de cañón. Elijo soñar y pensar que podrá más la razón que la demencia y que la historia podrá seguir su curso en este país que se quedó atascado varios años en un pasado que superaron otros hace tiempo. Elijo soñar que puede más la vida que la muerte y que algún día podremos vernos los unos a los otros como seres humanos. Elijo pensar que nadie quiere más jóvenes muertos de ningún bando.

Elijo soñar y esperar que no sea demasiado tarde para la ofensiva pedagógica que por fin lanzó el Gobierno. Se demoró en entender que en la mesa los voceros nos representan a todos y si no hay respaldo de la gente no se logra. Elijo soñar que hay tiempo para que el país entienda lo que está en juego; que nos cuenten, que nos digan, que nos expliquen, que seamos capaces de comprender y mirar más allá del juego politiquero del día a día. Elijo soñar, insisto, que no será muy tarde para eso.

Elijo soñar a pesar de lo que han vivido en Tumaco, en el Cauca, en el Meta, en Caquetá y tantas regiones que llevaron la peor parte del fin de la tregua en estos últimos días. Elijo soñar porque para esas regiones es aún peor que se desate de nuevo toda la guerra. Elijo soñar, aunque no entiendo la lógica de las Farc de golpear a los más pobres ni de crear desastres ambientales.

Elijo soñar a pesar de saber que en la mesa no van a acabar con las tragedias que motivaron la guerra y a pesar de entender que los que provocaron tanto desangre desde todos los flancos, no van a pagar lo que debieran. Elijo soñar con una dosis de justicia, con mucha verdad y sobre todo con encontrar otra manera de dirimir nuestras diferencias.

Elijo la palabra y no las balas. Elijo soñar, aunque me cueste, porque no tenemos alternativa. No creo que la guerra sea una opción. Ya no más.

 

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