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Dahrendorf, defensor del “orden liberal”

28 de junio de 2009 - 06:52 p. m.

EL PASADO 17 DE JUNIO MURIÓ EN COlonia, a los ochenta años, Ralf Dahrendorf, uno de los pensadores y políticos liberales más importantes de la Europa de la posguerra.

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Sociólogo y filósofo político, fue un académico de primer nivel, pero también un hombre de acción en diferentes capacidades. Fue miembro del Partido Liberal y del parlamento alemán, viceministro de Exteriores de Willy Brandt, comisionado de Relaciones Exteriores de la Comunidad Europea en Bruselas, director del London School of Economics (1994-1984), warden de St. Antony’s College en la Universidad de Oxford (1987-1997) y miembro de la Cámara de los Lores desde 1993.

Como académico, escribió clásicos de las ciencias sociales, como su Clase y Conflicto de clase en la sociedad industrial, en donde, en contra del marxismo, argumentó que es el poder y no la riqueza la que define la clase social. De sus libros, uno de mis favoritos es Reflexiones sobre la Revolución en Europa, escrito después de la caída del Muro de Berlín, en donde hizo un ejercicio similar al que, doscientos años antes, realizó Edmund Burke sobre la Revolución Francesa. Pero para Colombia, quizá es más relevante su larga entrevista a Antonio Polito, publicada en castellano como Después de la democracia, en donde discute los peligros y desafíos que enfrenta la democracia con la globalización y con las tecnologías de la información y las comunicaciones. Para Dahrendorf, el concepto crucial es el “orden liberal”, que está compuesto tanto por la democracia como por el Estado de Derecho.  Hacen falta los dos, porque puede haber sociedades con democracia, pero sin Estado de Derecho; como también sociedades con Estado de Derecho pero sin democracia. La democracia, a su vez, requiere, según Dahrendorf, instituciones que permitieran tres funciones esenciales: a) Cambiar a los gobiernos sin violencia, una idea que tomó de su filósofo de cabecera, Karl Popper; b) Controlar y limitar el poder de los gobernantes y, por lo tanto, instituciones que protejan contra la tiranía, incluyendo la de los grandes hombres; c) Dar voz y voto al pueblo, al demos, en el ejercicio del poder. Según Dahrendorf, el modelo electoral y parlamentario de la democracia clásica, que se construyó sobre la idea del Estado-Nación, se ha desdibujado gravemente en un mundo en donde, no todas, pero sí muchas decisiones críticas son adoptadas no en los países, sino por entidades internacionales como el Fondo Monetario Internacional, las Naciones Unidas, el Banco Mundial, las grandes corporaciones multinacionales y por una nueva clase social global, una élite trashumante que elude leyes nacionales, impone tendencias y directrices culturales y se enriquece rápidamente. Dahrendorf no está en contra de la globalización, pero sí aboga por un nuevo imperio universal de la ley y otros controles a estas peligrosas tendencias.

Por esta y por otras causas han aparecido nuevos intermediarios entre el pueblo y el poder: los medios de comunicación, las ONG y las carcasas que han quedado de los partidos políticos. Así, sin el filtro de los parlamentos y de los partidos, Dahrendorf vio con mucha preocupación las que llamó “democracias sin demócratas”, con un renacimiento del populismo y el autoritarismo, y con gobernantes apelando directamente al pueblo y utilizando sin escrúpulos su atractivo mediático para aferrarse al poder. Nunca logré concretar una invitación a alguno de nuestros foros, para escuchar sus opiniones y consejos sobre las fortalezas, peligros y desafíos de Colombia. Eso ya no será posible, pero quedan sus libros y conferencias como guías valiosísimas para reflexionar sobre el presente y el futuro de nuestra democracia.

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