Hablamos de política electoral, cuyo eje principal se encuentra en azuzar el favor de los electores, para que su voluntad se proyecte en políticas y gestión del poder para resolver las demandas de la sociedad.
El debate del domingo anterior limitado por una estructura metodológica con un número alto de candidatos y por el tiempo asignado, no favorece un debate profundo, sincero y pertinente. Quedó reducido a reclamos personales, recuerdos y cálculos políticos con hipotéticas trampas estratégicas que resultan favorables a unos y catastróficas a otros.
Los ejes de esta campaña se tensionan entre la seguridad, Venezuela y la corrupción. Trágicamente no se pone la pobreza, la miseria y las desigualdades sociales como agenda de los partidos, candidatos, instituciones, reformas y gobernantes. Tampoco se discute el modelo de desarrollo que persiste con el crecimiento económico sin impulsar la superación de la pobreza y la reducción de las desigualdades.
Nuestros electores buscan cosas mínimas, no necesariamente lo fundamental. Cualquier debate corre el riesgo de ser poco pertinente y perderse en lo personal quedando reducido a alimentar encuestas de opinión que miden intenciones de voto como si se tratase de un anticipado ejercicio soberano de los electores. La ausencia de ideas en los debates marca el nivel de las encuestas sobre intención de votos. Por lo anterior muchos analistas destacan como ganador a Pardo, quien al final fue más coherente y preciso. Petro insiste en hablar de lo social por necesidad ideológica, Vargas para demarcarse un tanto del uribismo. Santos y Noemi forzando el paso de la seguridad al desarrollo menos insensible por aquello de la seguridad primero y desarrollo después. Para Mockus lo social es profundamente abstracto.
Parece que les fue mejor a los candidatos ubicados abajo en las encuestas; al fin y al cabo como tienen menos presión pueden estar más tranquilos. Se nota en los casos de Pardo y Vargas que se han preparado mucho más para estos debates.
* Analista político