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Delirios a alto nivel

16 de febrero de 2009 - 10:08 p. m.

EL COMITÉ INTERNACIONAL DE LA Cruz Roja lleva 140 años dándole protección y asistencia humanitaria a la población civil del planeta, hundida en catástrofes de la naturaleza y en catástrofes producidas por la agresión del hombre. Cumple con su misión de una manera independiente y neutral.

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El gobierno del presidente Uribe ha atropellado dos veces al CICR: usó a escondidas su emblema y, en la reciente liberación de secuestrados, el Ejército hizo sobrevuelos que casi arruinan la liberación de Alan Jara. El Ministro de Defensa se había comprometido, en un acuerdo de buena fe con el CICR, que eso no iba a suceder. Pero Juan Manuel no entiende eso de la buena fe. Cuando se supo la verdad, salió el general Padilla diciendo que él había dado esa orden. Raro, ¿por qué se saltó a su jefe, el Ministro de Defensa? Unos confunden, otros  desmienten. Hay un enredo permanente dentro del Gobierno, encabezado por el mismo Presidente. Menos mal que el CICR, que ha tratado con los más bárbaros gobiernos del mundo, está acostumbrado a toda clase de desmanes, pero sigue cumpliendo su misión con altura.

Deja mucho que desear la actitud del periodista Jorge Enrique Botero, quien iba de garante en la misión y sin consultarles a los demás miembros reveló la información de los sobrevuelos a Telesur. Eso, y que otro periodista hubiera estado en el sitio mismo donde se produjeron las liberaciones, le hizo salir la ira a Uribe, que ya estaba envenenado, porque eran las Farc las que estaban liberando unilateralmente y además por intermedio de Piedad Córdoba.

Paso siguiente, desautorizó la presencia de Piedad Córdoba en la misión que iba a traer devuelta a Jara, mientras que el Comisionado Restrepo daba la orden de que no hubiera ningún periodista. En medio de ese delirio en que anda la cúpula del Gobierno, Uribe se dio cuenta de la insensatez, entonces se echó para atrás y aceptó que fuera Piedad. No podía ser otra persona porque era ella la que tenía las coordenadas. Mientras tanto, desde la Casa de Nariño desautorizaron al Comisionado y dijeron que los periodistas sí podían estar presentes.

Las cosas salieron bien, por la mediación de la Cruz Roja, siempre serena ante los atropellos, por la colaboración del gobierno de Brasil y por la senadora Piedad Córdoba con Colombianos por la Paz.

Ya están en sus casas los liberados. Los cuatro de la Fuerza Pública, Sigifredo y Alan Jara, que hizo unas declaraciones francas e inteligentes. Muchos lo acusaron, de manera canalla, de tener el Síndrome de Estocolmo. ¿Qué pasa en este país, donde cualquiera que tenga una opinión independiente del Gobierno es “cómplice de las Farc”, “publicista del terrorismo”, o del “bloque de intelectuales de las Farc”? Este delirio constante está envenenando y desestabilizando al país.

Comparto plenamente una frase de Jara: “¿Si la política de la seguridad democrática es tan poderosa, sería que la pone a tambalear un acuerdo humanitario?”.

Quiero que se entienda muy claramente, como lo entiendo yo, que las Farc son criminales de lesa humanidad, cometen masacres, trafican con droga, como también los paramilitares. Pero tampoco debe haber silencio ni se debe cohonestar los atropellos, mentiras y delirios del Gobierno. Debe haber un acuerdo humanitario para que los que siguen secuestrados vuelvan. La vida de un ser humano es más importante que la altanería de un gobierno.

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