Hay equipos que se ordenan alrededor de los jugadores y otros que se organizan a partir de ideas. (Ver infografía)
Esta sabia sentencia del fútbol parece caer a la perfección para definir el gran duelo de esta tarde entre España, actual titular de la Euro y vigente campeón mundial, y la selección italiana, cuyo ultimo título fue el Mundial de 2006.
El técnico Cesare Prandelli, de 54 años, nacido en Orzinuovi, recibió un equipo desflecado tras el gran fracaso en Sudáfrica, pese a que tenía a la mayoría de los jugadores que hoy componen la nómina que disputará el título de la Euro. Su antecesor, Marcello Lippi, entendía el fútbol de una manera diferente, pero Prandelli cambió de actitud y pensó que organizar el equipo en torno a un jugador como Andrea Pirlo podría ser la base de una restauración mental de la escuadra azzurra. Pirlo, a quien llaman El Metrónomo por su visión periférica del juego, su habilidad y toque de bola, se hizo a un lugar en el equipo. Atrás quedó la época en que actuaba como volante de armado hasta que un día Mazzone, técnico del Brescia, lo retrocedió 20 metros y lo ubicó delante de la defensa, para que con su versatilidad sacara el equipo del fondo. La orden de Prandelli fue clara: vamos a organizarnos alrededor de Pirlo y después buscaremos sus complementos para que todo funcione como una máquina.
En el mismo Mundial de Alemania, en el que Italia alcanzó su corona, la selección española se fue a casa por cuenta de la Francia de Zinedine Zidane. Sin embargo, en ese año el técnico español Luis Aragonés dio inicio a la teoría de los ‘jugones’, una clase de futbolistas pequeños, hábiles, dúctiles con el cuero, alejados de la idea de la Furia Roja, todo temperamento y pundonor, que acompañó a España durante años. Con esa base se formó la selección que alcanzó la Euro 2008 de la mano de Xavi Hernández, mejor jugador del torneo, Andrés Iniesta, David Silva, David Villa y Santiago Cazorla.
Esa idea española fue tomada y ampliada por Vicente del Bosque, el reemplazo de Aragonés. España, desde entonces, gira alrededor de una base futbolística que rescata el toque de pelota, la posesión, las triangulaciones en corto y defenderse con el balón como una fórmula para ganar.
La final
España llega a esta final intentando conseguir un triplete histórico que nadie ha logrado hasta el momento: vencer en forma consecutiva en dos Eurocopas y un Mundial. Tan sólo un equipo, la Alemania de Helmut Schoen, consiguió en el 72 la Euro, en el 74 el Mundial y en el 76 arribó a la final que perdió ante Yugoslavia por la vía de los penaltis.
Aunque las críticas le han llovido al equipo español, calificándolo de aburrido, tedioso, que se duerme con la pelota y carece de profundidad, Del Bosque y sus jugadores están muy seguros del trabajo que están haciendo, no sólo por los resultados, sino porque a través de la defensa con el balón han conseguido ser la selección menos batida de la Eurocopa. Tan sólo Italia, en el debut del torneo, marcó en la puerta de Iker Casillas.
Del equipo campeón en la Euro 2008 a este algunas cosas han cambiado. Puyol no pudo jugar por lesión y Sergio Ramos se consolidó como central en compañía de Piqué. Jordi Alba, por el lateral izquierdo, es una grata revelación y se ha adaptado perfectamente al circuito del toque. Pero donde más se nota es en el mediocampo, pues en Austria-Suiza se jugaba con un volante tapón, Marcos Senna, y cuatro delante de él, haciendo la figura 4-1-4-1, en la que Fernando Torres y David Villa alternaban en las puntas. Desde la llegada de Del Bosque, la selección española pasó al doble pivote con Sergio Busquets y Xabi Alonso, un gran cambio en la concepción y el ritual del juego.
Si lo importante es la idea, Del Bosque ha manejado una alineación básica en la que tan sólo denota una gran duda que es contagiosa: jugar con un atacante de punta dentro del área o hacerlo con un “falso nueve”. Contra Italia, en el debut, le dio acción a Cesc Fàbregas para actuar como lo hace Messi en el Barcelona, entrando y saliendo, sirviendo de escudero a quienes lo buscan en paredes cortas y arrastrando las marcas. Después probó con Torres como ariete, que marcó dos goles ante Irlanda, pero tuvo poca fortuna en otros lances. Ante Portugal puso en juego una tercera solución con Álvaro Negredo, con poco éxito, al punto de que el remate del juego lo hizo nuevamente Cesc.
La idea no se negocia, dice Del Bosque y lo aceptan los jugadores. El hombre en punta es susceptible de cambiar, de acuerdo al rival y a los momentos de los partidos; el resto de la nómina es básicamente la misma.
Como todos los grandes equipos, España duerme tranquila con el nivel de Iker Casillas, un portero con letras mayúsculas, el de las paradas claves en los momentos más difíciles, como aquella bola que le atajó a Rakitik de Croacia en el final del juego. El nivel de Álvaro Arbeloa es flojo en ataque, pero aplicado en defensa. Los centrales Piqué y Ramos han hecho una gran Euro. En cambio, de Busquets hay pocas noticias y su estilo parece desnaturalizado por la presencia de Xabi Alonso, gran héroe en cuartos ante Francia. Tampoco ha sido una gran competición para Xavi, el arquitecto del juego, quien no tiene en esta Euro la clarividencia y el pase gol que mantiene en el Barça. Mientras Andrés Iniesta brilla a gran altura y es el más laborioso y dúctil de los volantes, candidato a mejor jugador, David Silva arrancó bien pero ha lucido apagado en los últimos dos partidos.
De todas maneras, su fidelidad al libreto, su estilo y el apego a la ideas de querer intensamente la pelota, a veces tocándola en demasía, hacen de España un gran finalista. Le cuesta mucho marcar, afirman, pero ganarle también es difícil mientras tenga en su poder la pelota.
La otra Italia
Si la intención de Prandelli era armar un colectivo alrededor de Pirlo, puede estar tranquilo: lo ha conseguido plenamente. A sus 33 años, Pirlo ha dado muestras fehacientes de entender el juego de una manera perfecta. Cuando la pelota no está en su poder, mira alrededor y ordena a sus compañeros con la mano, indicándoles dónde marcar, dónde llegar, dónde destaparse.
Es bueno para todo, inclusive para sacar una pelota que iba rumbo a la red en el minuto dos del juego contra Alemania, jugada clave para el futuro del resultado. Atrás quedaron las épocas en que la veía pasar de largo, la pelota no hacía estación intermedia en el sector central y el fútbol italiano era todo defenderse y pegarle de punta hacia arriba, sin darle cariño o tratar de jugarla.
Esta nueva versión italiana donde la tenencia, el toque y las triangulaciones hacen parte del libreto, tiene dos intérpretes importantes en el ataque, con una pareja de “locos” capaces de lo peor y también de lo mejor. Antonio Cassano estuvo ocho meses fuera de las canchas y hasta se dijo que podía quedar inservible para el fútbol. Volvió con sus genialidades y exquisito manejo, como el que mostró ante Alemania cuando le quebró la cintura a Boateng, primero, y luego a Hummels, para servirle un delicioso centro a Balotelli. Fue el primer gol y el que abrió la ruta de la final.
De Balotelli se puede decir todo, que está rematadamente loco y magistralmente cuerdo a la vez. Como cuando dice que no celebra los goles porque ese es su trabajo y que cuándo se ha visto al cartero celebrando la entrega de una carta. Frase genial y explícita. Y así como fue la figura universal con su torso desnudo celebrando el metrallazo al ángulo que significó su segundo gol, todos deben recordar las opciones de gol que perdió a lo largo del torneo cuando parecía lento y torpe en sus maniobras.
Otra gran virtud de Prandelli fue montar la columna vertebral de la Juventus, campeón de la Liga italiana, para darle pequeñas sociedades a Pirlo. Siete jugadores de la Juve componen el espinazo del finalista italiano y eso hace que el juego sea más brillante y claro desde la salida.
Como en España, Italia también tiene un portero de suprema fiabilidad. Gianluigi Buffon es un arquerazo, solvente, sólido, seguro. Barzagli, Chiellini y Bonucci son macizos en defensa, por arriba son impenetrables y manejan a la perfección el lenguaje de las coberturas y los doblajes, son escuela made in Italy.
Pirlo cuenta con escuderos fieles, Marchisio y Montolivo, dos jugadores de buen pie, magnífica transición y capacidad asociativa, que se le muestran permanentemente al veterano para que él pueda dirigir la orquesta.
Y, callado, el menos histriónico de todos los técnicos italianos de los últimos años, Cesare Prandelli, llega a esta final pensando en que puede ser su último partido al frente de la azzurra, pues quiere volver al calcio dominicale, el del día a día.
España nunca ha podido con Italia; dicen las estadísticas que son ampliamente favorables a los tanos. En la final no sólo está en juego el título de la Euro sino el concepto: primero la idea, España, o el equipo montado alrededor del hombre Pirlo.
España-Italia: a disfrutar de una gran final.