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Adiós a un gran maestro

El sábado pasado murió en Bogotá Fernando Hinestrosa, quien fue por más de 48 años rector de la Universidad Externado de Colombia, un claustro reconocido a lo largo y ancho de Colombia.

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El legado de Hinestrosa para el país es incalculable. Por ejemplo, el que dejó desde las aulas a los estudiantes, donde impregnó por todas partes un espíritu de disciplina, de investigación, de amor por la cultura y la historia. Cuentan sus alumnos que en esa misma universidad, donde labró su título de “doctor en derecho”, impartió clases de derecho civil que se ilustraban dentro de los más amplios contextos históricos: hacía, para ello, un repaso de las instituciones jurídicas desde el código de Hammurabi hasta nuestros días, pasando por todos los intermedios, por los detalles, por esas pequeñas fibras que se tejieron para tener lo que se ha ganado hasta hoy. De ahí, tal vez, provenga su defensa a ultranza de la libertad y de los procesos históricos que tanto costaron obtenerla.

Escribió quince libros y múltiples artículos académicos en revistas, tratados y publicaciones internacionales. Nada detenía su afán por el conocimiento: el aprendizaje de distintos idiomas con el fin de entender mejor el lenguaje original en que otros autores escribían sus textos, el afán por conocer la historia detrás de las letras que leía en complejos códigos, la necesidad de entender a través de la enseñanza y, también, de llevarla a grandes ligas: bajo su batuta se consolidó una de las universidades más importantes de este país. Siempre con muchos silencios intermedios, pensando cómo encadenar una idea con la otra, cómo hacer realidad sus propuestas.

La Universidad Externado, haciendo cuentas después de esta desafortunada partida, tiene once facultades, 18 programas de pregrado, alrededor de 200 de posgrado y más de 12.000 estudiantes. Un balance que, si bien es sólo de cifras, revela un alma interior de dedicación completa.

Ya con este expediente sería suficiente aporte para el país. Pero hay más. Hinestrosa no solamente se quedó en la academia, sino que también dio muestras de buena voluntad para el servicio público. Lo hizo para alumbrar —bajo esa rigurosidad aprendida en los libros— algunas de las instituciones de este país: fue magistrado de la Corte Suprema de Justicia entre 1967 y 1968, fue ministro de Justicia en el gobierno de Carlos Lleras Restrepo y ocupó la cartera de Educación en el de Misael Pastrana, fue presidente de la Corte Electoral en 1980 y embajador extraordinario ante la Santa Sede entre 1989 y 1991, entre otros cargos.

Hinestrosa siempre fue un defensor de la libertad y la democracia, de la institucionalidad, del buen funcionamiento de las ramas del poder público, del respeto por los derechos del hombre. Pocas veces se ve que un notable jurista, de mil batallas académicas, sea también un comprometido con su país, no sólo desde la enseñanza (vital para una democracia en desarrollo), sino también desde la gestión de las ideas. Sabemos que las supo defender en su momento. Siempre lo hizo, replicando esa resistencia que la Externado opuso durante la hegemonía conservadora de hace un siglo. Hinestrosa fue un liberal de verdad. De esos que hacen tanta falta en este país.

Ojalá muchos de sus estudiantes tomen su ejemplo. Esperamos asimismo que la historia de este rector, académico y hombre público sea repetida por muchos otros colombianos. Que el legado de su administración en la Universidad Externado se mantenga bajo esos lineamientos que construyó durante su gestión del claustro. Una vida como la suya es digna de contarse y de replicarse. Por contribuirle al país desde casi todas las vías que su profesión le permitió, honramos su memoria en este diario.

Paz en la tumba de Fernando Hinestrosa.

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