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¿Ahora sí?

El Gobierno de Juan Manuel Santos le propuso al mundo en Rio+20 El futuro que queremos, en 2012, formular unos Objetivos de Desarrollo Sostenible.

13 de febrero de 2014 - 08:21 p. m.
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La pregunta política de fondo es si una agenda ambiental renovada en torno a la sostenibilidad es complemento del crecimiento económico y del alivio de la pobreza, o si los asuntos ambientales deben adquirir un carácter central dentro de las políticas del Estado. Y, a partir de ahí, desarrollar todo lo demás.

Para Jeffrey Sachs, la humanidad debe entrar ya en la llamada “era del desarrollo sostenible”. ¿Dilema académico o disquisición retórica? Algunos dicen que es una oportunidad para el menguado liderazgo del sistema de Naciones Unidas. También lo es, sin duda, para el Gobierno Nacional saliente, que quiere repetir mandato y en el cual los temas ambientales emergen con una frecuencia inusitada: impregnados ellos de conflictos sociales, mientras pasan del Legislativo al control del Ejecutivo y luego a los estrados judiciales. Es un tema fundamental, sin duda.

La pregunta de fondo es la siguiente: ¿Quiere el Gobierno Nacional abordar la sostenibilidad? No podría ser diferente a juzgar por la delegación que, la semana pasada, frente al Grupo de Trabajo sobre Objetivos de Desarrollo Sostenible en Nueva York, presentó el resultado de un serio trabajo científico-político. El texto fue fruto del Diálogo de Medellín, realizado entre el 2 y 4 de diciembre pasado, con participación de académicos, investigadores, indígenas, líderes, campesinos y científicos de 25 países.

Paula Caballero, alta funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, y Annika Markovic, embajadora Ambiental del Ministerio de Medio Ambiente de Suecia, proponen integrar la resiliencia socioecológica en la nueva agenda de desarrollo. Se trata de una propiedad deseable para todo el territorio, en el que el crecimiento debe incluir la biodiversidad y los servicios ecosistémicos como fundamento del bienestar humano, y como única forma de manejar la creciente inseguridad ambiental y la adaptación al cambio climático.

Dicho en cristiano: un acuerdo para cuidar y recuperar las propiedades ambientales, que sea eje central de la propuesta de desarrollo. El Centro de Resiliencia de Estocolmo, uno de los promotores de este debate, considera que hay “un desafío importante para todos los países: lograr el desarrollo sin destruir la capacidad de los ecosistemas para proporcionar servicios a la sociedad”.

Según Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt, contraparte colombiana en este diálogo, “para Colombia es fundamental que la agenda de desarrollo de las Naciones Unidas considere explícitamente la importancia de la biodiversidad como fuente orientadora de la sostenibilidad, dada la riqueza biológica y cultural que poseemos y las tasas de transformación del territorio que estamos experimentando”.

En síntesis, la idea es un crecimiento económico dentro de los límites de la capacidad vital de los ecosistemas. La principal barrera podría estar, no tanto en lo que no conoce la ciencia, sino en lo que sigue desconociendo la sociedad. Y sus dirigentes. La sostenibilidad propuesta en medio de la inseguridad ambiental, finalmente, sería una luz de esperanza.

 

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