La semana pasada, el Gobierno Nacional recibió los resultados de la evaluación del desempeño ambiental, encomendada a la Cepal, y que viene con 45 recomendaciones que, en conjunto, al decir de los analistas, representan el 33% de las condiciones para ingresar al selecto grupo. Las mismas deberán ser integradas al nuevo Plan de Desarrollo como muestra de que la cosa, desde nuestro lado, va en serio.
Toda una agenda para el benéfico de nuestra emergente economía. Vale la pena resaltar que en general se trata de la agenda ambiental ya incluida en el marco normativo, que ha permanecido pendiente por falta de suficiente músculo político. Viniendo de donde vienen las recomendaciones, y con la intención que se busca, hay esperanza de que algunos de los temas ambientales adquieran el nivel de importancia deseado. En el saneamiento ambiental básico, la calidad del aire que afecta a la mayoría de la población, el ineficiente uso ganadero de la mayoría del territorio productivo, y algunos de los males de la creciente urbanización, se esperan políticas contundentes. En otros temas, también señalados, observamos algo de novedad por la relación que se hace entre ellos y el desarrollo. Llama la atención, por ejemplo, que la consabida inequidad del país, es para la OCDE uno de los principales problemas ambientales. Novedad más política que académica, pues esto ya se venía diciendo en los centros de pensamiento. Un motivo más para avanzar. Llama también seriamente la atención el informe sobre la alta presión que sobre la biodiversidad y los ecosistemas están ejerciendo industrias extractivas insuficientemente reguladas, en una ecuación pierde–pierde, cuando el mismo informe nos hace saber que las estructuras de ejecución de la política ambiental, las CAR, presentan alta ineficiencia.
Es una oportunidad de reforma aún no atendida. Para la OCDE es importante resaltar que la institución ambiental del país no es débil, sino que ha sido debilitada; y que el país de hoy, con importantes oportunidades, debe retomar la vía de la planificación estratégica ambiental de los sectores y su integración central en el Plan de Desarrollo.
Urgencia hay, pues, de restablecer la verdadera funcionalidad del Consejo Nacional Ambiental. En conjunto para la OCDE, la calidad ambiental del país no se solucionará solamente con la recomendación de aumentar las áreas protegidas, sino con extender por todo el territorio una política ambiental contundente, que ha de tener indicadores de seguimiento.
Aplicar, en su momento, la Política de Gestión Integral de la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos, reconocida por los analistas de la Cepal como instrumento básico, es una gran oportunidad para el desarrollo económico. En pocas palabras, un poco más de lo mismo, algún énfasis en su interpretación, y sobretodo novedad, no tanto por lo que se dice —los problemas ambientales— sino por quien lo dice, que no son ya unos “ambientalistas trasnochados”, sino la ‘crema’ de la cooperación para el desarrollo económico. Acto de contrición pues, y seriedad en la gestión ambiental. ¿Ahora sí?.