El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Alianza ruso-venezolana

DESDE EL INICIO DEL MANDATO DE Hugo Chávez la relación entre Rusia y Venezuela, además de consolidarse, se ha vuelto dinámica.

14 de septiembre de 2008 - 01:17 p. m.
PUBLICIDAD

Si bien la lectura de la mayoría de los medios interpreta la reciente cooperación militar como un frente más de la confrontación entre Moscú y Washington por el escudo antimisiles y el conflicto en Georgia, en realidad ésta va más allá y hace parte de la alianza estratégica que Venezuela y Rusia vienen construyendo desde hace algunos años en respuesta a sus intereses nacionales. Aun si en apariencia funcionarios rusos y venezolanos minimizan el alcance de las maniobras militares que realizarán conjuntamente el próximo mes de noviembre, lo cierto es que éstas son altamente significativas para las agendas de los dos países.

Sin lugar a dudas, tanto el ejercicio naval como la llegada de bombarderos rusos TU-160 a territorio venezolano son acciones que implican una afrenta a la que es la primera potencia mundial de hoy. Para Estados Unidos, un rival político como Rusia y un enemigo regional como Venezuela se proponen “ejercitarse” en la zona que tradicionalmente ha sido considerada estratégica y de su influencia: el Mar Caribe.

Lo trascendente está en que la alianza ruso-venezolana es reflejo de los cambios geopolíticos que se han presentado en la región durante los últimos años con la llegada de gobiernos no afectos a los Estados Unidos y cuyo liderazgo encabeza Hugo Chávez. Rusia y Venezuela son dos grandes potencias petroleras y gasíferas, que tienen intereses en común, que han firmado convenios importantes y que además, y aun si a algunos les resulta “retórica”, en el campo de las ideas comparten la visión de un mundo multipolar opuesto a la hegemonía estadounidense.

Para el gobierno venezolano el acercamiento a Rusia fue definido como una estrategia prioritaria para la defensa y el fortalecimiento de la soberanía nacional. Por ello han sido varios los viajes que el mandatario ha hecho para encontrarse con su homólogo y el resultado han sido los múltiples acuerdos que han firmado ambos países en materia comercial, tecnológica, científica, educativa, energética y de seguridad y defensa. Si la principal amenaza para la Revolución Bolivariana son los Estados Unidos y actualmente a Chávez le preocupa la activación de la IV Flota estadounidense, encargada de patrullar los mares latinoamericanos y los intentos que puedan tener para derrocarlo, justamente la alianza con Rusia pretende brindar estabilidad y seguridad nacional.

Para Rusia, hacer presencia en América Latina es una manera de mostrar la recuperación de su poderío global. Venezuela, por lo demás, es un interesante socio de negocios y puerta de entrada a la región. No sorprendería la disposición de Rusia por estrechar relaciones con los países “amigos” de Venezuela. No sería casual el reconocimiento de Abjasia y Osetia del Sur por parte de Nicaragua.

La preocupación para Colombia, y más allá para la estabilidad de América Latina, es la suma de esta alianza con los eventos que hoy suceden en Bolivia en particular y que se han expandido por voluntad de Chávez a la misma Venezuela. Los embajadores de Estados Unidos en Bolivia y Venezuela fueron expulsados y lo propio ha hecho Estados Unidos en respuesta, mientras Bolivia se encuentra ad portas de una incipiente guerra civil que opone a Evo Morales y su aliado Chávez con las provincias rebeldes autonomistas de Santa Cruz, algunas provincias limítrofes y lo que algunos consideran como un apoyo directo de los Estados Unidos y su ahora ex embajador en Bolivia, Philip Goldbert, quien se reunió con los gobernadores de las provincias opositoras y desató las fricciones.

Estados Unidos ha logrado, con su política exterior, crear la posibilidad de “tres y hasta cuatro Cubas” con líderes escogidos por sus pueblos y con visiones opuestas a Washington.

Los efectos no sólo serán internacionales. Habrá que ver el impacto que tendrán en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, donde este panorama podría favorecer a un McCain —ya se vio a una provocativa Sarah Palin llamando a la guerra con Rusia en caso de que Georgia y Ucrania entren a hacer parte de la OTAN y soliciten ayuda militar—, y en las elecciones regionales en Venezuela, que seguramente estarán impregnadas de banderas nacionalistas y lemas en contra y en pro de los Estados Unidos.

No ad for you

En este escenario, en el que deliberadamente se hace política con un discurso guerrerista, Colombia debe seguir con la política de prudencia hacia Venezuela. No habría peor receta que la de entrar en la pelea de otros, cuando lo que se quiere es curar las heridas existentes con el vecino país.

 

Conoce más
Ver todas las noticias