Siendo indudablemente una mala noticia para el venezolano de a pie, porque consumirá menos, para Colombia no lo es tanto porque el efecto negativo ya había tenido lugar con el bloqueo chavista que intentaba llevar las importaciones colombianas a cero.
Si se toman en cuenta las consideraciones políticas, la devaluación en Venezuela es una buena noticia para Colombia, pues indica que Chávez no fue capaz de quebrar a la industria colombiana, sino más bien que en el proceso era él quien estaba quebrando a Venezuela. En la práctica, podemos decir que con la devaluación se podría sustituir el mecanismo político del bloqueo a nuestras exportaciones por el mecanismo económico que tiene sobre los consumidores venezolanos el mayor precio de los productos importados: reducir su demanda.
Detrás de la noticia está el reconocimiento implícito, por parte de Chávez, de que es imposible ocultar la crisis detrás de un conflicto con Colombia. El artilugio de ocultar la escasez de productos básicos y recortes diarios de energía y agua con base en el miedo a una guerra con la cual muy pocos venezolanos comulgan, simplemente no funcionó. El intento de imitar el subyugamiento que ha padecido el pueblo cubano bajo la excusa del bloqueo americano definitivamente no funcionó en Venezuela. De manera que el presidente Chávez no tuvo más remedio que asumir los costos políticos del menor consumo y una mayor inflación.
En la medida en que la inflación crezca, el efecto de la devaluación seguramente sustituirá al que tiene el bloqueo, ya que el arma secreta para mantener los precios a raya es posibilitar las importaciones de aquellos países en donde los precios son menores. Colombia, con una frontera común accesible, es la mejor posicionada y por ello el comercio había alcanzado los altos niveles de los últimos años. Lo que debemos tener claro los colombianos es que no se va a volver a la bonanza de los años anteriores, la cual estaba fundamentada en un bolívar extremadamente revaluado, lo cual es cosa del pasado, a no ser que la producción de petróleo aumente sustancialmente y los precios del barril superen los US$150.
Con elecciones parlamentarias en septiembre, es previsible que la devaluación haya sido suficiente por ahora; pero el dólar paralelo se transa todavía alrededor de un 50 por ciento más alto que el nuevo valor del bolívar. Es decir, el bolívar sigue estando sobrevaluado, lo que hace vislumbrar una nueva devaluación en algún momento en el futuro. En el entretanto viene la lucha para que la inflación, que es el impuesto que pagan los pobres, no se salga de madre. Es previsible que las penalizaciones a los distribuidores, que ya se empezaron a ver esta semana, se acentúen. Asimismo, que se siga el camino de esconder la inflación por la vía de la compilación amañada del índice de precios.
Hay que reconocerle a Hugo Chávez el pragmatismo en la decisión de llevar a cabo la devaluación. Le permite llenar las arcas estatales y con ello retomar el liderazgo en el gasto público. A su vez, con la creación de una tasa de cambio para importaciones especiales y la confiscación de reservas internacionales para el Fondo Social por US$6,7 millardos, mantiene su capacidad de favorecer a sectores específicos. Con ello, logra una vez más reinventarse en el mismo desorden causado por sus políticas. Y seguramente lo seguirá haciendo mientras el petróleo dure, para desgracia de Venezuela.