Si se aborda el texto literal del referendo, legitimado por el pueblo colombiano con más de cuatro millones de firmas, el Presidente no podría participar de las elecciones de 2010, pero sí podría hacerlo en 2014. Es el sentido de la ponencia radicada por Cambio Radical y Por el País que Soñamos. Si se modifica la pregunta y se le da vía libre a la alteración del texto original, como lo desean en su ponencia el Partido Conservador y Alas-Equipo Colombia, el Presidente estaría habilitado para competir en 2010. Si triunfa la ponencia del Polo Democrático y el Partido Liberal, el proyecto de ley de referendo sería archivado. El Presidente, aun así, estaría habilitado para participar en 2014 en razón a la reforma política que avanza en su aprobación con una modificación que así lo permite.
Pero más allá del desenlace del debate, vuelve a escena la preocupación sobre el significado y las consecuencias de una continuidad en el poder del presidente Uribe. Pese a que son muchas las voces de académicos, columnistas y políticos que han alertado frente al riesgo que corre el andamiaje institucional del país, y sin ahondar en el manto de dudas que la yidispolítica arrojó sobre el cambio constitucional que permitió la primera reelección inmediata, el argumento de las mayorías sigue siendo el arma retórica de quienes insisten en hacer caso omiso de las recomendaciones de los expertos.
Se nos insiste, así, en la preponderancia de las mayorías hasta el punto que de una democracia participativa que todos defendemos y deseamos, vamos camino a una plebiscitaria. Se plantea que las mayorías son el componente esencial de toda democracia, y se niega así la posibilidad de que la democracia se entienda como la combinación de la voluntad de las mayorías con los controles institucionales que garantizan la supervivencia de las minorías. No hay, en el esquema que se impone con la figura de la reelección inmediata por segunda vez consecutiva, limitación alguna en el ejercicio del poder.
Y el Presidente de la República, entre tanto, mantiene un insano silencio, en lo que parece ser una estratégica ambigüedad para que sus posibilidades de repetición avancen sin los obstáculos de la confrontación. Si en 2002, cuando se discutía su primera reelección, el argumento para comprometerse sin aceptarlo era que "cuatro años no son suficientes para hacer la tarea", ahora se nos dice que la reelección ineludible es la de la política de seguridad democrática.