Los 1.500 delegados, elegidos de 361 listas nacionales y regionales en todo el país, se darán cita en febrero de 2009 para tomar decisiones de trascendencia, como la elección de los miembros del Comité Ejecutivo Nacional, Presidente y Secretario General, así como definir la estrategia del partido para las elecciones presidenciales de 2010.
El Polo actual representa la iniciativa más ambiciosa por unificar todas las corrientes de izquierda en Colombia. Hace dos años el partido reunió diversos partidos en una apuesta para hacerle contrapeso a la candidatura de Álvaro Uribe. Al antiguo PDI, compuesto por fuerzas independientes de centro-izquierda, se unieron movimientos más radicales, como el Moir y el Partido Comunista, para formar el PDA. En su momento, los más de tres millones de votos de su candidato presidencial Carlos Gaviria —algo sin precedentes para un partido de izquierda— auguraron el nacimiento de una fuerza política importante y legitimaron el Polo como el partido más importante de oposición.
Sin embargo, luego de la euforia, las profundas diferencias ideológicas entre las cabezas más visibles del PDA empezaron a dificultar los consensos internos. Desde hace rato vivimos la penosa controversia pública en torno a si hay fracturas en el Polo; los radicales le bajan el tono aduciendo “matices” y culpando a la prensa, mientras líderes moderados, como el ex alcalde Garzón, hablan de ir “cada uno por su lado”.
Lo cierto es que esa división en las estructuras del partido, tanto regionales como nacionales, ha tenido un alto costo político. Antes de las elecciones de 2007, integrantes de la izquierda radical con poder de veto en los comités municipales frenaron el apoyo a candidaturas como las de Jorge Iván Ospina, en Cali, y Judith Pinedo, en Cartagena, a la postre vencedores. Y a nivel nacional, todavía se recuerda el episodio de la masacre de los 11 diputados a manos de las Farc, cuando el Comité Ejecutivo Nacional sesionó en medio de acaloradas discusiones para finalmente sacar un comunicado tibio en el que ni siquiera se mencionaba el nombre del grupo guerrillero.
Son precisamente la unidad, el rechazo a la guerrilla y la estrategia electoral los temas que han dominado las campañas de las diversas facciones para la consulta de hoy. La apuesta de todos es sumar el mayor número de delegados para cambiar la unidad consensuada por una de mayorías. Se ven tres grandes fuerzas en competencia. Una de izquierda radical, encabezada por Jorge Robledo, y dos de tendencia moderada: la de Gustavo Petro, Lucho Garzón y María Emma Mejía, y la de Samuel e Iván Moreno. En las elecciones de hoy, la ciudadanía está llamada a escoger el rumbo ideológico del partido. ¿Va a ser un Polo reformista o revolucionario? ¿Va a reconocer el Polo aciertos del uribismo o va a continuar en la oposición total? ¿Va a rechazar las ambigüedades en torno a la lucha guerrillera?
El carácter ideológico de la elección de hoy tiene una honda relevancia en la política nacional, más allá de las toldas de izquierda. De lograrse una unidad en el Congreso del Polo, basada en la inclusión de todos en un discurso político moderno y progresista, las luchas y reivindicaciones de la izquierda armada quedarían sin el menor sustento de legitimidad. Hacer de un Polo unido un partido con posibilidades de gobierno acabaría de una vez por todas las reivindicaciones de aquellos que argumentan que los caminos de la participación en Colombia se encuentran cerrados.
Con todas sus fallas, el Polo se pone hoy ante la ciudadanía para que ésta participe en la construcción de una opción política de izquierda. Las cartas están sobre la mesa, sólo falta la respuesta de los votantes.