El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Baltimore revive el racismo

OTRA VEZ. Las masivas protestas callejeras que tuvieron su epicentro en Ferguson, Misuri y luego en Nueva York unos meses atrás, se trasladaron en estos días en Baltimore.

01 de mayo de 2015 - 10:00 p. m.
PUBLICIDAD

Un joven negro, Freddie Gray, falleció en extrañas circunstancias en manos de la policía. Dada la dificultad para aclarar los hechos en los casos anteriores, así como los controvertidos fallos que exoneran de responsabilidad a los agentes involucrados, la comunidad afroamericana opta por manifestarse en la calles contra el racismo y el maltrato.

El tema continúa desnudando la realidad de las barriadas más pobres de Estados Unidos. Bien sean grandes ciudades o pequeñas zonas urbanas, en ellas una gran mayoría de la población malvive en condiciones de segregación e inequidad que no son muy distintas de las que se vivieron algunas décadas atrás. El caso de Baltimore habla por sí solo. La comunidad afroamericana representa el 65% de la población y en el barrio donde vivía Gray cerca del 70% depende de los subsidios que brinda el gobierno. Allí, la mitad de la población activa no encuentra opciones laborales y los salarios en la zona son bastante menores de lo que se recibe en el resto del país. En Baltimore, cerca del 90% de la población carcelaria es negra. Esa es la realidad que tienen que enfrentar en el día a día miles de personas que van acumulando una tensión social de años que termina explotando tras un incidente racial.

La historia, como en los casos anteriores, tiene zonas grises que deben aclarar las autoridades. El joven Gray, quien contaba con antecedentes penales, es detenido en la calle. El cargo es el de tener una pequeña navaja que, según el abogado de la familia, portaba de manera legal. En el camino hasta la estación de policía la furgoneta hace varias paradas, algunas de las cuales no habían sido reportadas oficialmente. Al detenido no se le pone el cinturón de seguridad y otro detenido que iba en el mismo vehículo, pero separado por una cortina metálica, escuchó cómo su vecino se golpeaba contra las paredes de la furgoneta. Media hora más tarde Freddie Gray llegó al hospital con una grave lesión en la médula y falleció una semana después. De momento hay seis policías suspendidos, mientras se aclaran los hechos. La pregunta inmediata es si el golpe que ocasionó la grave lesión se lo propinó intencionalmente el mismo joven, si fue producto de un accidente en uno de los giros del carro o fue propinado por alguno de los agentes.

Apenas se conoció la noticia de su muerte, se presentaron protestas en las calles de la ciudad. La mayoría de manera pacífica, pero otras terminaron en vandalismo con el robo a almacenes y el incendio de algunos edificios. La alcaldesa de Baltimore, Stephanie Rawlings-Blake, ha sido cuestionada por los medios de comunicación, pues consideran que pudo haber alentado los hechos y luego no actuó con la decisión que se esperaba de ella para frenar los desmanes. La fiscal local, Marilyn Mosby, emitió las órdenes de arresto de los seis polícías implicados y presentará cargos.

Lo urgente, mientras se toman los correctivos para evitar las actuaciones racistas o de fuerza excesiva policial en contra de la minoría negra, radica en la mejora de las condiciones sociales y económicas de la población afroamericana. Como epílogo positivo hay que resaltar que el llamado a mantener el orden vino de personas de la misma comunidad, más que de la policía o la Guardia Nacional desplegadas. Una mujer, Toya Graham, se convirtió en heroína al sacar a su enmascarado hijo a coscorrones de una de las protestas violentas y llevarlo para la casa.

 

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias