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Celebremos el crecimiento, sin olvidar el desempleo

21 de noviembre de 2021 - 12:00 a. m.
Levantarnos tan rápidamente es de celebrar. Pero ahora que estamos en un panorama similar al de 2019, las preguntas suspendidas en el tiempo cobran de nuevo vigencia. / Foto: Agencia Bloomberg
Foto: Bloomberg - Agencia Bloomberg
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No se trata de un logro menor. Después de una de las peores crisis económicas en la historia de la humanidad, que por supuesto afectó a nuestro país, las expectativas de crecimiento para Colombia en 2021 están por las nubes. No solo vamos a recuperar el camino perdido durante 2020, sino que el impulso alcanzará para llegar a niveles de 2019. Esto, junto con las buenas cifras de inflación en comparación con otros países, posiciona a la economía colombiana como una de las mejor recuperadas en la región. El rebote ha sido más rápido y con mayor fuerza de lo esperado, lo cual nos debe alegrar a todos. Quedan sin respuesta, eso sí, las dos grandes preguntas que ya ensombrecían el optimismo nacional en el mundo prepandémico: ¿cómo hacemos que este crecimiento cree más y mejores empleos y cómo diversificamos las fuentes de ingreso de nuestra economía?

Los datos son abrumadoramente positivos. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la economía creció en el tercer trimestre un 5,7 %. Más impresionante aún, respecto a julio-septiembre de 2020, uno de los peores trimestres de la pandemia, el país creció un 13,2 %. Las expectativas de crecimiento de todos los expertos ubican a Colombia entre el 7 y el 9 % de crecimiento este año. Hay quienes incluso auguran una cifra de dos dígitos.

Lo propio ha hecho el ministro de Hacienda, José Manuel Restrepo. “Los primeros nueve meses del año muestran una tasa de crecimiento con respecto al año pasado de doble dígito, una cifra histórica, 10 %”, dijo. También contó que el “88 % del empleo perdido en la pandemia se ha recuperado”. Con estos datos, Colombia se posiciona como la segunda mejor economía de América Latina, solo detrás de Chile. Adicionalmente, en comparación con las grandes economías de la región, nuestro país tiene una de las tasas de inflación más bajas (4,5 %).

Todas estas son buenas noticias. Después de un año horrible, Colombia pudo demorarse más en retomar la fuerza que cargaba antes de la pandemia. Pero lo consiguió. Y sin embargo, hay grandes “peros” en el panorama: las empresas están produciendo más pero contratando menos, el desempleo continúa tres puntos por encima del de 2019 y en las mujeres es mucho peor (16,4 %) que en los hombres (9 %), la informalidad es altísima y Colombia sigue dependiendo de proyectos extractivos que no tienen viabilidad en el mediano plazo.

¿Por qué, si estamos creciendo con tanta fuerza, eso no se ve reflejado en el empleo? ¿Es momento, quizás, de repensar las normas en torno a la formalización laboral para adaptarlas a un mundo moderno y un mercado laboral muy cambiado? ¿Cómo garantizamos que, a mediano plazo, Colombia tenga la reforma tributaria ambiciosa y equitativa que necesita? ¿Qué pasará el año entrante, cuando las cifras de crecimiento no se contrasten directamente con el desastre que fue el año pandémico?

No se trata de ser aguafiestas. Levantarnos tan rápidamente es de celebrar. Pero ahora que estamos en un panorama similar al de 2019, las preguntas suspendidas en el tiempo cobran de nuevo vigencia. Colombia se enfrenta a los problemas estructurales de siempre. ¿Logrará empezar a solucionarlos después del año electoral?

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