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Chávez a la deriva

ÚLTIMAMENTE LAS COSAS NO LE están saliendo bien al presidente Hugo Chávez. Como dijo el analista Teodoro Petkoff, por primera vez en estos once años, se aprecia en Venezuela  un gobierno con muy serios problemas y  una oposición bien organizada.

08 de junio de 2010 - 05:39 p. m.
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Es muy probable que debido a esta situación continúe afilando su verbo flamígero y, al mismo tiempo, tome más medidas de corte autoritario. Su reciente admonición al sector empresarial es diciente: “Guerra es guerra y después no se quejen (…), vamos a ver quién puede más: si ustedes, burgueses de pacotilla, o quienes queremos patria. Los oligarcas han declarado una guerra, que es social, económica, política y moral, y yo se las acepto”.

Motivos de incomodidad no le faltan. Según encuestas recientes, la aprobación presidencial está por debajo del 50%, cifra alta para un gobernante luego de más de una década en el poder, pero no en Venezuela, donde Chávez barría en sintonía. Las causas están a la vista. Una inseguridad que, cual tsunami, ha sobrepasado a los organismos policiales y de seguridad del Estado. La falta de dinero debida a la caída de los precios del petróleo, la baja productividad y la disminución en la inversión externa, que no le permiten al gobierno adelantar los exitosos programas asistenciales que tanta popularidad le dieron en el pasado. De hecho se habla de recortes en la partidas para las “Misiones”, que han sido hasta el momento el mascarón de proa del Socialismo del Siglo XXI.

Pero aquí no paran los problemas. Aunque las lluvias han aliviado los recortes de agua y electricidad, las causas de fondo están sin solución. La inflación sigue desatada, y se convierte en el impuesto más perverso contra las clases populares que tienen que pagar los precios reajustados de los productos de primera necesidad. El gobierno puso en práctica un programa de adquisición y distribución de alimentos subsidiados (PDVAL), cuyo ex presidente acaba de ser encarcelado por un gigantesco caso de corrupción, cuando fueron descubiertos cientos de contenedores con miles de toneladas de comida importada que terminaron pudriéndose. Adicionalmente, el presidente Chávez intervino las casas de bolsa y congeló las operaciones cambiarias luego de que el dólar alcanzara en el mercado paralelo, que oficialmente no existe, cotas muy altas, a pocos meses de haberse decretado una primera devaluación que debería haberle dado un respiro al gobierno hasta 2011. Se anunció, además, un nuevo sistema de bandas que entraría a operar hoy.  El domingo pasado, por si lo anterior no fuese ya suficiente, fue ordenada la intervención de 80 empresas de banqueros procesados por “irregularidades”.

De ahí que este escenario, que daría para un fuerte dolor de cabeza, se haya convertido en una verdadera migraña ante la proximidad de las elecciones para la Asamblea Nacional, que tendrán lugar en septiembre. El partido de gobierno, PSUV, domina casi la totalidad de la Asamblea, luego de que la oposición, en uno de sus más absurdos y costosos errores, decidiera abstenerse en las elecciones anteriores para entregarle así todo el control al chavismo. En este momento, la llamada Mesa de Unidad, que aglutina a los sectores adversos al gobierno, logró conformar listas únicas en un proceso de gran madurez política. La oposición, que podría obtener entre un 25% y un 35% de la Asamblea, debido a las leyes de representación que dictó el gobierno para autofavorecerse y teniendo que enfrentarse a todo el ventajismo del Estado, daría así un primer freno al deseo reeleccionista de Chávez, dado que en 2012 habrá elecciones presidenciales.

 Razones tiene el comandante para andar inquieto.

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