El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Cincuenta años es mucho

Hace 50 años en Marquetalia, una vereda del corregimiento de Gaitana, en el municipio de Planadas, Tolima (población que hasta hoy sufre el fuego cruzado producto del conflicto armado), nació la guerrilla de las Farc: ayer, hace cinco décadas exactas y bien contadas, el guerrillero Manuel Marulanda Vélez, su líder más representativo en la historia, les escribió a las autoridades que no toleraría más ataques militares en las zonas sobre las que ejercía dominio. La avanzada militar contra esas “repúblicas independientes” —bautizadas así por Álvaro Gómez Hurtado—, muy posiblemente por la desconexión y la falta de entendimiento hacia ellas, fue un desliz grande. Un flaco favor que hasta hoy pagamos.

27 de mayo de 2014 - 10:09 p. m.
PUBLICIDAD

Marulanda no toleró más ataques, en efecto, y por cuenta de su estrategia de autodefensas campesinas, en contra del muy pronunciado abandono del Estado central sobre estas poblaciones, él y su cuadrilla de bandoleros sumergieron a Colombia en un remolino devastador que hasta hoy sufrimos: la guerra entre Estado e insurgencia que ha hecho correr la sangre de millones de colombianos por los excesos inaceptables y bien sumados entre parte y parte.

El mucho daño que le han hecho las Farc a Colombia es imposible de cuantificar. Y si bien es explicable, que no justificable, su origen como guerrilla, hoy su existencia es un dolor de cabeza sin mayor sustento. Y como buen dolor de cabeza que es, no deja pensar a nadie. Nos encontramos aún sumidos en la adolescencia política. Nos encontramos aún metidos de cabeza entre dos discursos divisorios y ciegos. Nos encontramos aún pregonando el odio que la violencia alimentó. Nos encontramos aún en un conflicto que se chupa las finanzas y los intereses públicos.

Está el daño directo, por supuesto. El más evidente: las bombas contra poblaciones civiles, las masacres indiscriminadas, los secuestros masivos de ciudadanos inocentes, los desplazados espantados que no han encontrado un futuro mejor, los delitos del narcotráfico (otro monstruo de mil cabezas), los discursos incendiarios, el reclutamiento de niños, las minas antipersona sembradas por todo el territorio, los muertos y muertos y más muertos.

Y está, como producto del daño indirecto, lo que no resulta tan evidente: la derechización de esta sociedad colombiana, que en muchos casos ha aceptado, para combatir a la guerrilla, lo que para una democracia seria es inconcebible. Los 3.000 cadáveres que dejó la intolerancia contra su brazo político, la Unión Patriótica, en su momento esperanza latente de la transición de las balas a la política y fuerza de oposición democrática para amplios sectores de la sociedad. A la vez, la estigmatización de la izquierda legal y recta, de la cual la guerrilla se convirtió en sombra y lastre, impidiéndole llenar el espacio que merece en una sociedad diversa. La legitimación de los excesos del Estado, que no han sido pocos. El odio. Y, vaya paradoja, el fortalecimiento de esa pared que pretendió tumbar en un principio: si la sociedad estaba dividida hace 50 años por la tenencia y el uso de la tierra, por el modelo de un Estado ideal, hoy todo está igual si es que no peor. Su violencia y poco respeto por la población civil es la excusa perfecta para que así sea.

Por todo esto, por el medio siglo de ríos de sangre colombiana que han corrido sin parar, por la intolerancia recrudecida con el motor de la violencia asesina, por la complacencia del Estado colombiano en muchos actos deleznables, por sus viles prácticas guerrilleras condenadas por la sociedad entera una y otra vez, es necesaria la paz. Hoy, a 50 años de que este remolino nos envolviera en un túnel sin salida, hay por fin la esperanza viable de desembarazarnos del conflicto. ¿No vamos acaso a ser capaces de llegar a la meta? Cincuenta años es mucho. Ha llegado la hora de la paz.

Conoce más
Ver todas las noticias