Las relaciones rotas con Venezuela, en proceso de lenta recuperación con Ecuador, el aislamiento regional debido a las bases norteamericanas y la presión internacional por aclarar los temas de las chuzadas y seguimientos del DAS, los falsos positivos y Agro Ingreso Seguro, no podían abrigar buenos presagios. Sin embargo, el nuevo gobierno de Juan Manuel Santos ha reordenado el tablero de ajedrez de manera sorprendente.
A no dudarlo, uno de los aspectos que han contribuido de manera significativa a los altos niveles de popularidad y aprobación del actual gobierno es el del tino con que se ha desempeñado en el complejo campo de las relaciones internacionales. El pasar de una situación muy desagradable con Venezuela, a una nueva etapa en la cual Santos definió a Hugo Chávez como su “nuevo mejor amigo”, parece sacado de una historia de realismo mágico. Pero no. Más bien obedece al campo del realismo político del cual ha hecho gala la actual administración dando paso a un nuevo entendimiento con los vecinos, sobre la base del respeto mutuo, la integración y la colaboración en el desarrollo de las zonas de frontera, en aras de preservar el interés nacional. La visión, en muchos casos parroquial y confrontacional, que dejó como legado el gobierno de Álvaro Uribe, ha permitido que la sensata labor del actual primer mandatario sea aún más apreciada y valorada.
Siendo tan importante la relación con Venezuela, tal y como lo señaló recientemente el Washington Post, el presidente Santos acertó de punta a punta designando a María Ángela Holguín para liderar la estrategia internacional del país. La Canciller venía precedida de un reconocido palmarés como experta en el tema y, en especial, con un conocimiento de primera mano de la realidad venezolana y de la zona limítrofe. De esta forma las directrices de Santos y el manejo serio y profesional de Holguín en la Cancillería han permitido que en pocos meses las cosas no sólo hayan vuelto al lugar en el que debieron estar, sino que Colombia ha comenzado a transitar por una nueva senda de ubicación especial en el entorno regional. Más allá de las relaciones con Venezuela o Ecuador, la estrategia apunta hacia la puesta en práctica de una verdadera política exterior que le permite al país relacionarse de igual a igual con Brasil, Estados Unidos o con los países europeos o asiáticos. No en vano, y en otra hábil apuesta, se presentó la acertada candidatura de María Emma Mejía para la Secretaría General de Unasur, demostrando así que ya hay ganado un espacio para aspirar a importantes cargos de representatividad multilateral.
Con respecto a Estados Unidos, también se ha planteado una relación que va más allá de los temas de seguridad, narcotráfico y comercio. La inclusión de esquemas de cooperación en nuevos campos como el de la energía y el medio ambiente, coloca las cosas en un plano más diverso y benéfico para ambas partes. Hasta el momento el TLC parece agua pasada y, contrario a lo que se pudiera pensar, con la llegada de la mayoría republicana a la Cámara todo parece indicar que le pedirán a Barack Obama una posición más firme con respecto a Venezuela, pero que en el fondo no les incomoda el mejoramiento de relaciones entre Bogotá y Caracas. De otro lado, el ingreso de Colombia al Consejo de Seguridad de la ONU en pocos días será un buen instrumento de medición de hasta dónde se ha logrado pasar de una agenda de sumisión a una de madurez y equilibrio en el trato bilateral con Washington.
Por todo lo anterior la política exterior del actual gobierno ha sido uno de los mayores logros del presidente Santos y, de continuar como van las cosas, deberá deparar más éxitos futuros para el país, en un mundo donde las relaciones entre los Estados son vitales para lograr una beneficiosa inserción internacional.