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¿Cómo será la Bogotá de los próximos cuatro años?

02 de enero de 2020 - 12:00 a. m.
Haría bien la alcaldesa Claudia López en romper el espejo retrovisor. El mandato está para empezar corriendo hacia la visión de ciudad que les propuso a los bogotanos. / Foto: Gustavo Torrijos – El Espectador
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La alcaldesa Claudia López llegó al Palacio Liévano haciendo historia. Ser la primera mujer y primera lesbiana elegida popularmente para ese cargo, con una votación masiva que no dejó lugar a dudas sobre su mandato, habla de un cambio importante en la manera de pensar de los capitalinos. Sus promesas de independencia y de lucha contra la corrupción, y sus posiciones modernas nos llevan a preguntarnos: ¿recobrará Bogotá su ambición?

Más allá de los detalles sobre el día a día de gobierno, el principal reto para López es darle un relato claro a la capital, no solo sobre lo que es hoy día, sino lo que será en el futuro. Demasiadas administraciones han llegado y pasado plagadas de debates entre la Alcaldía y los ciudadanos. El tire y afloje ideológico que marcó las eras de Gustavo Petro y Enrique Peñalosa ha difundido el pesimismo. El resultado es que el tiempo pasa, pero no hay una visión clara sobre el tipo de ciudad que queremos construir.

Desde su triunfo, López ha demostrado un tono conciliador. Sus nombramientos en todas las carteras han evidenciado la preferencia por lo técnico, la cercanía con los expertos y la sociedad civil. Además, en el Concejo hay voces independientes y abiertas al diálogo, como la de Carlos Fernando Galán, que despiertan la esperanza sobre la posibilidad de que se construyan puentes. ¿Dejaremos, por fin, la pugnacidad que ha caracterizado al Distrito?

Agobiada por los escándalos, las respuestas anacrónicas y la obsesión con los problemas urgentes (que abundan), Bogotá dejó de dar ejemplo nacional sobre cómo soñar una ciudad. Pese a tener la mayor cantidad de recursos disponibles, sus respuestas demostraron una lamentable falta de ambición.

La emergencia climática es un ejemplo de cómo hemos venido fallando. Ante la inminencia de la crisis, Bogotá sigue dando pasos muy tímidos hacia el cambio del sistema de energía. Transmilenio, otrora un modelo envidiable, sigue siendo dominado por buses diésel, cuando en el resto del mundo las grandes capitales avanzan de manera contundente hacia lo eléctrico.

Haría bien la alcaldesa en romper el espejo retrovisor. El mandato está para empezar corriendo hacia la visión de ciudad que les propuso a los bogotanos. En ese proceso será fundamental terminar de ejecutar las buenas obras que empezaron durante la administración Peñalosa, así como suplir grandes vacíos, como la pendiente expedición de un Plan de Ordenamiento Territorial moderno y consciente de cómo ha cambiado la sociedad bogotana. No hay tiempo para perder en disputas e intercambios de señalamientos, táctica que se ha convertido en típica de la cultura política de la capital.

Bogotá tiene que ser un proyecto colectivo. La Alcaldía debe servir como receptora de los deseos y la experticia de los ciudadanos, de tal manera que todos los habitantes sientan que el destino de la capital les pertenece. El siguiente reto histórico está sobre la mesa: decidir cómo va a ser la Bogotá del futuro.

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