El mercado de capitales debe inspirar la suficiente confianza para cumplir dicho rol, para que la comunidad esté tranquila a la hora de invertir los recursos producto de su trabajo. Salvaguardar la confianza en el mercado de valores es responsabilidad de todos, incluidos por supuesto los medios de comunicación, que debemos informar correctamente, y sin dejarnos llevar por las emociones, temas tan delicados y de compleja comprensión. Debemos ser fiscales imparciales e implacables, sin duda. Porque un país sólo prospera con la confianza que brindan unas reglas de juego claras y adecuadamente monitoreadas.
En todo proceso de decisión se pueden cometer dos tipos de errores: los falsos positivos y los falsos negativos. Los eventos ocurridos en el mercado de valores en los últimos tres años han evidenciado varios falsos negativos, muchos de ellos muy difíciles de detectar. Dichos falsos negativos permitieron que individuos y actividades nocivas para el mercado de valores florecieran y se desarrollaran. Estas actividades tuvieron el final que todos conocemos y cuyo inmenso daño comprenden en toda su magnitud quienes se paran a diario a defender los beneficios del mercado de valores frente a los inversionistas temerosos.
Tan importante como activar los controles a tiempo para evitar errores y proteger a los inversionistas es aprender a reaccionar cuando se cometen. Y el peor error ante un falso negativo es pensar que se puede compensar con un falso positivo. El falso negativo crea el riesgo moral de atraer actores al mercado con el convencimiento de que la regulación y la supervisión es permisiva ante actividades delictivas. A pesar de que sean casos aislados, la sola ocurrencia de uno o dos eventos que minen la confianza llevan al traste años de trabajo de muchos en la construcción de dicha confianza. Tanto más cuando se trata de un descalabro mayor como el sucedido con Interbolsa.
Empero, así como es perverso que los encargados de controlar sean laxos y apenas actúen cuando ya los inversionistas han perdido sus ahorros, también lo es que esa laxitud se trate de ocultar con intervenciones enérgicas que no sepan diferenciar las actividades de cada quien o desconozcan las particularidades del complejo mundo bursátil.
La tentación de compensar los falsos negativos con unos cuantos falsos positivos dan la falsa sensación de corrección de los errores sucedidos, que sin duda agrada a las graderías, pero que resultan tremendamente nocivas para el mercado de valores, para la confianza en que este se sostiene. Que paguen justos por pecadores nunca ha sido un buen camino de acción. Menos, hacerlos equivalentes. Un claro ejemplo de los efectos de ese camino lo vivimos en el servicio público: no se sabe qué es más nocivo, si la corrupción impune en la política o los falsos positivos que ahuyentan a las personas capacitadas, honestas y trabajadoras, quienes ante el riesgo de ser víctimas de injusticias prefieren resignar ese camino, con lo cual el país va perdiendo la posibilidad de vincular talento de primera clase al manejo de los asuntos públicos.
Los falsos negativos le hicieron mucho daño al país. Mucha gente perdió su patrimonio económico. Queremos correctivos y justicia con quienes dejaron que pasaran los descalabros o se beneficiaron de ellos, pero hay que ir con cuidado. Pensar que bastan unos cuantos falsos positivos no solamente pone en juego el patrimonio de las personas sino además la credibilidad de un mercado de valores, motor fundamental en el desarrollo del país. ¡Cuidado!