El Partido Republicano en Estados Unidos adelanta esta semana su convención para ungir a Donald Trump como candidato a la reelección. La estrategia es la de azuzar de nuevo el miedo contra el exvicepresidente Joe Biden, candidato demócrata, para que sus electores se mantengan firmes en medio del mal manejo dado a la crisis del COVID-19. El evento ha coincidido con fuertes protestas en Wisconsin y otros lugares, tras el ataque a tiros a un afroamericano por parte de la policía. El ambiente político y social se sigue caldeando con miras a las elecciones de noviembre.
Los dos partidos en contienda, ya con sus candidatos ungidos, entran ahora en una actividad febril en la cual no se pueden cometer errores. Los demócratas, en su convención de la semana pasada, alertaron sobre el peligro que representa para su democracia la continuidad del actual ocupante de la Casa Blanca. Criticaron la mala gestión de Trump, en especial por el tema de la pandemia, y su permisividad frente a los graves problemas raciales que subsisten en su sociedad. Además, trataron de mostrar al poco carismático Biden como un hombre con la suficiente experiencia, empático y crítico del exceso policial del uso de la fuerza en contra de los ciudadanos negros.
Donald Trump y sus seguidores presentan un eventual triunfo demócrata como la llegada del socialismo al país. Señalan que un gobierno de izquierda, liderado por Biden, sería permisivo con el caos que han generado las protestas callejeras y que el único capaz de imponer la “ley y el orden” es su candidato, que ya lo ha demostrado como presidente. En su intervención del miércoles, el vicepresidente Mike Pence mencionó que “la semana pasada, Joe Biden dijo que la democracia se estaba votando en las urnas, pero la verdad es que lo que se va a decidir (…) es nuestra recuperación económica, la ley y el orden (…) Ustedes no estarán seguros en la América de Biden”. Su comentario se refería no solo a las grandes protestas que hubo tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía. Hace unos días el afroamericano Jacob Blake recibió varios disparos en la espalda por parte de la policía, en la ciudad de Kenosha, Wisconsin. En medio de las protestas callejeras desatadas, un menor de edad blanco mató a dos personas negras.
Los analistas han recordado cómo tras el asesinato del doctor Martin Luther King, durante la convención republicana de 1968, el entonces candidato Richard Nixon se presentó como el único capaz de imponer la ley y el orden. La estrategia le dio resultado. Ahora es Donald Trump el que revive el tema, tras las peores protestas callejeras desde entonces, eludiendo su responsabilidad frente a la pandemia y la crisis económica generadas. Su planteamiento es tan simplista como efectivo: o él o el caos. Como medida efectista ha enviado fuerzas federales a algunas de las ciudades donde hubo problemas hace unos meses.
El tema, además, ha tenido una gran repercusión en materia deportiva. Las ligas más importantes del país —béisbol, fútbol y baloncesto— decidieron boicotear los partidos que tenían previstos, como forma de protesta frente al racismo y el uso excesivo de la fuerza por la policía. Frente a este tema, y a pesar de las manifestaciones de repudio ante los hechos, la actual administración sigue manteniendo una postura poco efectiva, lo que le permite mantener el apoyo de los sectores más radicales de su partido. Mientras tanto los demócratas mantienen una fuerte crítica al gobierno, como forma de asegurarse el apoyo de la comunidad afroamericana en las elecciones. No en vano su candidata a la vicepresidencia, Kamala Harris, representa a esta minoría.
Jugadas las cartas, y hechas las apuestas partidistas, solo en noviembre se sabrá si la estrategia seguida por cada candidato y los temas centrales de sus propuestas obtendrán el respaldo del electorado o no.
Nota del editor: Este editorial fue modificado pues en una versión inicial decía que el afroamericano baleado por la Policía había muerto.
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