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Crisis aérea

El miércoles de esta semana fue un día terrible para pasajeros y aerolíneas que querían transportarse por el país.

17 de febrero de 2012 - 06:00 p. m.
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La operación reglamento (la de los controladores aéreos que torpedean la eficaz movilidad de los aviones en las pistas) tuvo éxito: 3.769 viajeros afectados ese día. Una cifra que es el pico de una realidad que se ha visto los últimos días: los pasajeros, al cierre de esta edición, continuaban desesperados aguardando a que su vuelo despegara.

El problema es bastante grande. Al parecer, los controladores aéreos se han quejado, a través de su sindicato, no sólo del ajuste salarial que por ley merecen cada año, sino por mucho más: por un aumento de sueldo, por un porcentaje amplio en el sobresueldo, por unos días de descanso, por remuneración los domingos. Muchas de sus peticiones son lógicas y se ajustan a la ley. Pero lo que está sucediendo en la forma de protestar se les está saliendo de las manos a las autoridades. Y podría terminar mal: en España, donde se vivió lo mismo, las autoridades intervinieron a través de vías judiciales. Y en Colombia estas acciones hacen eco: la Procuraduría anunció la apertura de algunos procesos disciplinarios. El Ministerio del Trabajo ha afirmado que las propuestas del Gobierno no han dejado contentos a los trabajadores. Cuéntense entre ellas las siguientes: un sobresueldo del 128% y 57 nuevos controladores aéreos. El Gobierno asegura que el Ministerio de Hacienda ha hecho un esfuerzo muy grande, con erogaciones mayores a los $13 mil millones que, a su juicio, harían mérito para resolver las dificultades.

Pero las protestas siguen y los vuelos se retrasan más y más. Sería bueno que ahora, cuando ya tienen la atención de todo el país y han afectado de forma visible el transporte aéreo, se pusieran a discutir sensatamente sobre una solución ponderada. La situación no puede seguir así. Es cierto que algunas de las cosas que piden son fundamentadas, pero llegó la hora de negociar.

Aunque el problema (como en muchas de las noticias que se ven en este país) va mucho más allá. Es lamentable que en una época en la que se ha dicho hasta el cansancio que Colombia es un destino turístico importante (no sólo para extranjeros, sino para los mismos habitantes del territorio), no se haya solucionado que la demanda de flujo, como se ha denunciado, sea superior en creces a la oferta de funcionarios. Todo en esta industria ha crecido. Se piensa en aeropuertos, en vías para acceder a ellos, en volver más grande todo lo que implica un buen turismo. Parece que esta particularidad se quedó rezagada. Este problema, entonces, no es nuevo. Explotó ahora en medio de una protesta que no compartimos pero que, al parecer, tiene una explicación.

Tanto el Gobierno como los controladores deberán ser sabios a la hora de resolver esto. La mesa de concertación no sólo se debe hacer en términos amplios que puedan ser razonables con las peticiones y ofrecimientos de ambas partes, sino que debe ser rápida, pues el destino de miles de usuarios está en sus manos. Debe hacerse en medio de un llamado a la conciencia en general. Con todo, el problema no existiría si desde un principio se hubiera atendido a la oferta y demanda del tráfico aéreo en los aeropuertos. Muchas cosas hubieran podido prevenirse.

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