En el primer caso ya van más de 450 muertos, 22 del lado israelí y unos 430 palestinos, en su inmensa mayoría civiles. Es lo que con gran cinismo suele llamarse en un conflicto armado “daños colaterales”. Cada parte trata de salvar su responsabilidad. O bien echándole la culpa al contrincante o excusándose en que a pesar de tomar todas las previsiones suceden cosas que escapan a su control. Vea pues.
El problema entre israelíes y palestinos es de vieja data y complicado. Es muy fácil inclinarse hacia un lado, normalmente el del más débil, debido a las fotos e imágenes que muestran el horror cotidiano de la guerra. De los niños, mujeres y ancianos que lo padecen. Pero hay mucho más de fondo y se debe valorar la realidad en toda su dimensión. Como dicen por ahí con frecuencia: los árboles a veces no dejan ver el bosque.
Que primero tres jóvenes israelíes fueron secuestrados por Hamás y asesinados a sangre fría. Que en venganza fundamentalistas judíos incineraron vivo a un joven palestino. Que luego vinieron los misiles, cientos, disparados del lado palestino por los radicales de Hamás. Los mismos que pregonan la destrucción de Israel y que gobiernan en Gaza. Que mientras tanto el gobierno de derecha israelí de Netanyahu, cediendo ante la presión de los partidos de ultraderecha religiosa, inició una nefasta campaña de bombardeos y luego la invasión terrestre de Gaza que va dejando atrás una condenable estela de muerte y destrucción.
En el segundo caso, que un misil tierra-aire se haya disparado contra un avión civil, en medio de un conflicto entre tropas ucranianas y separatistas prorrusos de la autoproclamada República Popular de Donetsk, con acusaciones mutuas. Pero unas grabaciones hechas públicas por el gobierno de Kiev demostrarían que los rebeldes informaron del derribamiento del avión. Luego precisan que era civil y que no llevaba armas a bordo.
El propio presidente Obama, y con más prudencia algunos gobiernos europeos, avalan dicha hipótesis. Putin optó por guardar un prudente silencio, pues sabe que al final del día los misiles, la capacitación y el apoyo a los rebeldes viene de Moscú. Luego de una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU se acordó iniciar una investigación independiente para ubicar la responsabilidad de la caída del vuelo de Malaysia Airlines y sus 196 víctimas.
Es bien sabido que en todo conflicto los civiles suelen poner el mayor número de víctimas. Ejemplos hay, y muchos. En especial por estos días en que se conmemora el centenario de la Primera Guerra Mundial. Ni qué hablar de la Segunda. Ni de las Purgas en la Unión Soviética, o las del Pol Pot en Cambodia, o los asesinados por el franquismo, o por la dictadura argentina, o más recientemente los ochocientos mil Tusis masacrados en unas pocas semanas en Ruanda. Y ni qué decir de los más de doscientos mil muertos de nuestro conflicto interno en Colombia, en los últimos 50 años, así como los más de cinco millones de víctimas. Esa es la dimensión del horror y de cómo la violencia se suele cebar especialmente contra quienes no tienen forma de defenderse.
Lo cierto es que tanto en Oriente Medio, como en Ucrania, todo parece indicar que a pesar de los pesares estos “daños colaterales” quedarán una vez más en el olvido con el correr del tiempo. Los radicales guerreristas en Israel y en Gaza seguirán empeñados, con sus acciones, en alejarse cada vez más de lograr un Estado palestino o garantizar la seguridad de Israel. Y en el Este de Europa, las víctimas del “error” de uno de los bandos en pugna no será más un triste incidente. Así vamos, de mal en peor.