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Diálogo o diálogo en Venezuela

Venezuela termina otra semana de violencia, muerte e incertidumbre política y social.

22 de febrero de 2014 - 11:00 p. m.
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La respuesta del gobierno de Nicolás Maduro no pudo ser más errada: represión indiscriminada, encarcelamiento de líderes opositores y medidas contra los pocos medios de comunicación que presentan una verdad distinta a la oficial. Todo, además, con la complicidad de los “colectivos”, grupos armados de civiles prochavistas, que siembran el terror. Las cosas siguen de mal en peor, el diálogo no aparece y las consecuencias lucen inciertas.

En este primer pulso ante las protestas de los estudiantes, el presidente Maduro sale muy mal librado. El detonante fue el caldeado clima social debido a las condiciones de inseguridad, el desabastecimiento generalizado, la inflación, los casos de corrupción y más. La respuesta, en el fronterizo estado de Táchira y luego en Mérida, fue enfrentar las manifestaciones con fuerza desmedida y la detención de cientos de estudiantes. Aprovechando la chispa encendida, Leopoldo López, quien busca recuperar su liderazgo político y va por buen camino, llamó a una gran marcha por la liberación de los detenidos, que se saldó con tres muertos y decenas de heridos. Vino la orden de captura en su contra, su bien orquestada entrega y el llamado a nuevas manifestaciones. Desmanes hay de lado y lado, pero los más graves vienen del oficialismo.

De momento, la partida parece ganarla el Gobierno, a pesar del desgaste interno e internacional. Pero esta ventaja puede resultar en un fracaso político. Hasta ahora la mayor parte de las concentraciones y bloqueos de vías se da en el este de Caracas, con opositores de clase media y alta. Ningún canal local presenta la otra cara de los hechos luego de la venta de Globovisión, y la única verdad es la del oficialismo. Por si fuera poco, se hizo pública la división en la oposición entre Leopoldo López, partidario de tomar la calle, y Henrique Capriles, quien duda de la eficacia de la calle pues genera represión y violencia y cohesiona al chavismo. Esto sin olvidar que los opositores no han logrado ganarse a los habitantes de las grandes barriadas populares. Con el pecado y sin el género, pues.

Con todo, el cálculo le puede fallar al Gobierno por varios motivos. La permanencia de Leopoldo López en prisión, junto a otros opositores, es gasolina que alimenta el descontento social. El oficialismo puede terminar convirtiéndolos en mártires. Por lo demás, las redes sociales suplen bien el apagón informativo. La censura a NTN24 y la torpe expulsión de CNN sólo acrecientan la percepción de un gobierno crecientemente autoritario. Por último, a López y Capriles les corresponde mantener la unidad por encima de las fisuras y, de hecho, ya Henrique Capriles se incorporó a la marcha de ayer.

En este rifirrafe no salió bien librado el presidente Juan Manuel Santos al plantear el diálogo y ofrecerse para promover una solución pronta, así como solicitar buen trato a los deportados colombianos. Maduro respondió a pedradas. Y en el país sonaron tímidas sus palabras ante la crítica situación que reflejan las manifestaciones. Sin embargo, creemos que es el camino correcto en este instante. La precisa exposición que hizo nuestro representante en la OEA sobre los 2.500 deportados del año pasado y los casi 600 que van este año es un buen recordatorio de la importancia de la buena vecindad y la integración. Pero habrá que estar atentos a la evolución, pues los valores democráticos no son una moneda de cambio.

Volviendo a la situación en Venezuela, vale suscribir las palabras de Rubén Blades a Nicolás Maduro en medio de un cruce de opiniones: “termino con una especie de ruego a los bandos enfrentados en la querida Venezuela: empiecen a sumar y dejen ya de restar. Y que se detengan los insultos y la diatriba, para que los venezolanos empiecen a conversar; que el silencio es el mejor preámbulo a un diálogo razonado”. Así sea.

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