Un comité de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, que investigó lo sucedido el 6 de enero de 2021 con el ataque al Capitolio, que dejó cinco muertos y centenares de heridos, además de la gravedad institucional que eso representa para el país del norte, consideró el martes anterior que el expresidente Donald Trump debe ser procesado por su responsabilidad en lo que ocurrió ese día. Dicen que esto no habría pasado sin Trump, y tienen razón.
Entre las 17 conclusiones principales dadas a conocer, se señala que “la causa última del 6 de enero fue un solo hombre, el expresidente Trump, al que muchos otros siguieron. Nada de lo que pasó en aquella jornada habría sucedido de no haber sido por él”. A pesar de que el expresidente insiste en la teoría del fraude en su contra y señala que es objeto de una manipulación de los demócratas para torpedear su campaña a la reelección, los hechos descritos, basados en pruebas y testimonios, son incontrovertibles.
Para la comisión bipartidista es claro que Donald Trump actuó de manera deliberada al afirmar en sus entrevistas, discursos y redes sociales la existencia de un fraude que ameritaría la anulación de los comicios. Esto, en la medida en que sus intentos para que la justicia actuara a su favor y amparara sus derechos fallaron, pues perdió docenas de demandas instauradas. No en vano el Comité considera que “el presidente Trump conspiró para anular el resultado de las elecciones”. Su actuación irresponsable ese día, al cuestionar a su vicepresidente, Mike Pence, para que se abstuviera de ir al Congreso a reconocer el triunfo de Biden, llevó a que cientos de sus energúmenos seguidores gritaran al vandalizar el edificio que había que colgar a Pence. Trató de corromper al Departamento de Justicia para que sus miembros hicieran declaraciones falsas. Presionó indebidamente a funcionarios a escala estatal, especialmente en Georgia, para buscar un número determinado de votos que le faltaban para ganar en dicho Estado. Lo anterior, entre otros muchos hallazgos.
La violenta toma del Capitolio fue el grave epílogo de las mentiras propagadas por Trump. Desde la misma noche de las elecciones se dedicó a fabricar todo tipo de mentiras y medias verdades, para justificar lo que había sido una gran derrota para él. Al utilizar todos los medios a su alcance, como presidente en ejercicio, caldeó los ánimos de sus seguidores, en especial los más fanáticos y radicales, que se negaban a aceptar el triunfo demócrata. De hecho, se calcula que del 60 al 70 % de los republicanos consideran que hubo fraude. Esta es la gravedad de la situación.
El comité de la Cámara trabajó durante un año y medio, en el cual escucharon a cerca de 100 testigos, tuvieron acceso a un millón de documentos y sostuvieron más de 1.000 entrevistas. De ahí la importancia de su trabajo para despejar de una vez por todas lo que sucedió el 6 de enero. La forma en que se describe, de manera secuencial, todo lo ocurrido en las semanas previas, en especial desde el día de las elecciones, es la mejor hoja de ruta para entender cómo se pudo llegar a lo que ha sido considerado un intento de golpe de Estado contra la institucionalidad de un país que se ha distinguido por la preservación de sus valores democráticos.
En caso de que el Departamento de Justicia obre en consecuencia, sobre la base de las pruebas y los testimonios recaudados, se debería procesar penalmente a Donald Trump por la comisión de cuatro delitos que le fueron imputados: incitación a la insurrección, obstrucción de un procedimiento oficial del Congreso, conspiración para difundir falsedades electorales e intento de fraude a Estados Unidos. Es necesario que este oscuro capítulo de la historia de los Estados Unidos se pueda cerrar pronto, sobre la base de la respuesta institucional, contra quien pretendió desconocer la Constitución.
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