Bogotá y Medellín, dos de las ciudades que han recibido los peores efectos de la pandemia, reabrirán por completo sus puertas desde el 8 de junio. Primero la alcaldesa bogotana, Claudia López, después de salir de su propio contagio de COVID-19, hizo el anuncio. Ahora se unió el alcalde Daniel Quintero. Lo interesante es que ambos, junto con la noticia de que se levantarán las medidas de protección que tienen a tantas empresas cerradas, anunciaron ambiciosas reasignaciones presupuestales que buscan responder a muchos de los reclamos que se han presentado en el paro nacional. El diagnóstico de ambos mandatarios, que no es nuevo en el país, le apunta a lo mismo: necesitamos acciones de choque contra la pobreza, contra la falta de oportunidades para los jóvenes y contra la crisis económica de muchas empresas.
Lo extraño de estos anuncios, claro, es que no se tomaran antes. Los datos de pobreza y de crisis social estaban sobre la mesa. Lo advertimos en varias ocasiones el año pasado en relación con las medidas del Gobierno Nacional: lo que se adoptó fue necesario, pero insuficiente. Lo mismo para los planes de las alcaldías locales. Por ejemplo, en Bogotá se implementó una ayuda, llamada “renta básica”, que sin embargo se quedó corta. En tiempos de una crisis sin precedentes, faltó una priorización más ambiciosa. La consecuencia la hemos visto en las calles durante este paro nacional que lleva más de un mes.
López parece reconocerlo. En su anuncio del “Plan Cambio y Rescate Social”, que invertirá $1,7 billones en ayudas adicionales, dijo: “Hay cosas que vamos a sacrificar, no porque no se necesiten, sino porque la ciudad tiene hambre, los jóvenes no tienen empleo, muchas microempresas se están quebrando”. Estamos de acuerdo.
El plan para Bogotá, que está pendiente de ser aprobado por el Concejo, incluye abrir 350.000 nuevos cupos de renta básica, crear un apoyo alimentario de $160.000 por cinco meses a los hogares más vulnerables, 30.000 nuevos cupos para la educación superior, 9.000 subsidios a vivienda y nuevas obras en la ciudad para generar empleos y dinamizar la economía. Esto último, junto con la reapertura de la capital y la reducción de medidas de protección, es una noticia esperada por las empresas que están en grave crisis. Falta ver si son medidas suficientes para reactivar la economía.
En Medellín, el alcalde Quintero anunció $3 billones. Busca hacer una cumbre para generar 20.000 empleos de choque para jóvenes, creará siete escuelas de la no violencia, habrá una renta básica de $76.000 para 210.000 familias, se crearán 100 nuevos comedores comunitarios y matrícula cero garantizada junto con becas de capacitación en tecnología y bilingüismo.
Quedan preguntas, cierto. La más importante es cómo se pueden articular estos planes de choque con planes a mediano y largo plazo. Otra es si será suficiente para una crisis que está en su momento más álgido. Finalmente, el COVID-19 sigue siendo una amenaza. Estamos en un “doble tercer pico”, como lo llamó el ministro de Salud. ¿La velocidad de la vacunación será suficiente para evitar que la tragedia empeore, especialmente con los hospitales al borde del colapso?
Es importante monitorear los experimentos de Bogotá y Medellín. Si les va bien, tendremos respuestas sobre cómo construir una Colombia menos desigual y cómo responder al estallido social.
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