Durante mucho tiempo los medios, y en especial la televisión, hemos transmitido imágenes y palabras que ubican a los afrocolombianos, como si eso fuera normal, en actividades que la sociedad valora como de nivel inferior. No nos hemos cuestionado acerca del reforzamiento de tales estereotipos ni de su impacto.
En tal sentido, la distinción “12 afrocolombianos del año” viene a ser una suerte de “acción afirmativa” de este periódico para reconocer que el imaginario social sobre la población negra está influenciado por la herencia de un pasado de esclavitud y que no se corresponde con la realidad del siglo XXI.
Como suelen ser las acciones afirmativas, esta también deberá ser temporal. Para El Espectador será muy grato poder decir, tal vez en una década, que esta distinción ya no parece necesaria, pues se ha logrado que los colombianos, en general, sepan que nuestros compatriotas negros y mulatos no están destinados a determinadas posiciones. Sabemos que la Fundación Color de Colombia, co-otorgante de la distinción, comprenderá esta consideración.
El grupo de 36 nominados de este año, en 12 categorías, desafía dichos estereotipos y corrobora que hay una realidad social que se ha desconocido. En perspectiva histórica y sociológica, “12 afrocolombianos del año” está ‘presentando en sociedad’ a una clase media negra con identidad propia, que inspira y puede jalonar a los que vienen detrás. Otra noción que se desvanece es aquella según la cual los colombianos negros que ascienden socialmente huyen, al tiempo, de una identidad ‘racial’ o relacionada con sus orígenes. Esto no parece ser así para todos.
Como es sabido, en las páginas de El Espectador tienen cabida las visiones más prominentes sobre la cuestión afro en Colombia. La visión de la Fundación Color de Colombia reta también algunas ideas preconcebidas sobre el activismo afro, por su lenguaje de integración y su impacto masivo. No queremos, sin embargo, ‘tomar partido’ en toda la línea en una discusión que desde hace un tiempo se desarrolla, recurrentemente, en nuestras páginas de opinión.
Pero sí pensamos los otorgantes de “12 afrocolombianos del año” que la exposición de éstos, especialmente en instituciones educativas, proporcionará referentes de vida y profesionales a los niños de una población que los necesita. Es una ventana de posibilidades para contrarrestar prejuicios, empoderar a una población en general discriminada.
Todo el país necesita el espíritu del “sí se puede” y en el caso de los niños y jóvenes afrocolombianos es indudable que ver a médicos, militares, jueces, científicos y líderes de otras profesiones con su color de piel oscura, representará una gran motivación. Hay hechos profundos de nuestra sociedad o de la humanidad que no conviene ignorar.
Como tampoco conviene ignorar o negar la pobreza y la discriminación que afectan a la población afrocolombiana. Ya se ha dicho que esta distinción lo que busca es mostrar la cara de progreso de esa población, para dar una imagen más completa de su realidad y no seguir haciendo el juego a los estereotipos sociales. Además, se trata de un reconocimiento de sus aportes a la sociedad en su conjunto, a todos los colombianos, lo que evita las sospechas de “autosegregación”.