La conmemoración de los 100 años del fin de la Primera Guerra Mundial, celebrada el pasado 11 de noviembre, debería ser una muestra de unidad, pero terminó por convertirse exactamente en lo contrario. Las perspectivas opuestas que mantienen Emmanuel Macron y Ángela Merkel con Donald Trump dejaron una impronta poco optimista sobre el rumbo que está tomando el mundo. El fantasma del nacionalismo, que estuvo presente hace un siglo y se acentuó en los años siguientes, ronda de nuevo.
Macron no dudó en agarrar el toro por los cuernos al decir, delante de cerca de 70 jefes de Estado y de Gobierno invitados a la ceremonia, que “el patriotismo es el exacto contrario al nacionalismo. El nacionalismo es su traición”. No le falta razón. El dardo tenía como claro receptor a Trump. Si un siglo atrás fueron Francia, Reino Unido y Estados Unidos los aliados que derrotaron a Alemania, por las paradojas de la historia son hoy el presidente galo y Ángela Merkel quienes enarbolan la bandera en defensa del multilateralismo. Reivindican también la importancia de mantener los mejores vínculos con Washington para preservar la OTAN y las instituciones que Estados Unidos ayudó a crear tras la Segunda Guerra Mundial. Ese sería el ideal, pero las aguas van en sentido contrario.
El principal problema lo representa Donald Trump y su política de aislacionismo, reivindicación del unilateralismo y su militancia en el nacionalismo. Ese fue su lema de campaña y así lo ha seguido pregonando a voz en cuello: Make America Great Again (Hacer a América grande de nuevo). Sí, como dicen, en las formas están los mensajes, y el lenguaje de Trump no pudo ser más evidente. Los desplantes que protagonizó en París fueron su respuesta a las actividades programadas por Emmanuel Macron. Mientras la infinita mayoría de invitados caminaron juntos hasta el Arco del Triunfo, en un gesto de unidad, tan solo Trump y Vladimir Putin lo hicieron por otros medios. Theresa May encabezó en Londres sus propios actos de conmemoración.
En la tarde hubo un gran Foro por la Paz, al que no asistió Trump. Allí la oradora especial fue la canciller alemana, Ángela Merkel, quien dijo que “si el aislamiento no fue la solución hace 100 años, ¿cómo puede serlo hoy en un mundo interconectado?”, además de alertar sobre el “nacionalismo miope”. Todo esto en medio de una Europa en la cual los nacionalismos aumentan, en especial en países de la Europa Central, entre ellos Austria, Polonia, Hungría y Croacia. A lo anterior se suma Italia, y el que en Francia, Alemania, Holanda y Bélgica los partidos nacionalistas de extrema derecha sean segundos en preferencia o hayan aumentado de manera preocupante su presencia política en las últimas elecciones.
Vale la pena resaltar la intervención del presidente Iván Duque en el Foro por la Paz. Reiteró en buena hora el compromiso de Colombia con el sistema multilateral de las Naciones Unidas para proteger al mundo de los conflictos armados y coordinar esfuerzos internacionales para asumir los retos del momento. De igual manera, se debe destacar que haya resaltado la experiencia colombiana en la construcción de un Acuerdo de Paz en el marco del Estatuto de Roma.
A su regreso Donald Trump envió un trino en el que ahonda la confrontación con su par francés: “Emmanuel Macron sugiere construir su propio ejército para proteger a Europa de EE. UU., China y Rusia. Pero fue Alemania en la Primera y Segunda Guerra Mundial. ¿Qué tal le fue en eso a Francia? Estaban empezando a aprender alemán en París antes de que llegase EE. UU. ¡Paguen a la OTAN o no!”. El distanciamiento no va a parar aquí.
Regresando a Macron, estas palabras finales que pronunció son proféticas: “Solo depende de nosotros que esta imagen se interprete en el futuro como el símbolo de una paz duradera entre las naciones y no como la fotografía del último momento de unidad antes de que el mundo caiga en un nuevo desorden”.
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