El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El llamado de la sabana

La mortanda de los chigüiros en el Casanare al parecer no fue tan grande como lucía en las dramáticas fotografías que han sido publicadas.

28 de marzo de 2014 - 09:41 p. m.
PUBLICIDAD

 El eco en los medios de hasta 50.000 muertos de sed. Sin embargo, que hayan sido “sólo” mil, o incluso hasta cinco mil, no le resta importancia ni gravedad a lo que allí ha sucedido. Vale la pena, igual, una reflexión.

Esta es una crisis local con potencial de escalar en todo el territorio. Pero tanto el público y los ambientalistas, así como quienes vienen practicando el desarrollo regional, no están suficientemente ilustrados sobre el tema. Tal es la conclusión de los informes que presentaron en Yopal los institutos Alexander von Humboldt e Ideam, que coinciden con algunos de los testimonios de llaneros afectados. Un error es culpar a la ganadería tradicional: esa práctica ha generado una simbiosis viable con el sistema ecológico, pues no es extensiva, sino, al contrario, de baja densidad y adaptada a los ciclos de la sabana.

¿Que el culpable es el cambio climático? Las series del Ideam muestran que éste es el séptimo peor verano de los últimos 40 años y, los llaneros lo saben, no son las primeras ni las últimas sequías en la región. La variabilidad del clima local comienza a mostrar cómo las cosas se mueven hacia la trayectoria señalada por los modelos de cambio climático. Mientras tanto, los llaneros pierden la capacidad de sustentar ecológicamente el territorio.

Pese a la consternación que generan las imágenes de animales agonizando por falta de agua, es importante no perder de vista la información. El chigüiro no está en peligro de extinción y, sólo en el Casanare, podría haber más de un millón. Pero el manejo que se les está dando a las poblaciones no es el mejor, y no por escasa protección en este sitio, sino por falta de control. Lo que muestran los estudios en la zona es que en parte la crisis ha sido resultado de la sobrepoblación de este prolífico roedor. En Venezuela está científicamente comprobado que en años muy secos la mortalidad natural alcanza hasta el 33% de la población. Estos son ciclos naturales que, de ser bien manejados, pueden resultar incluso provechosos para los llaneros y sus sabanas. Una parte del problema radica en que el ICA no ha viabilizado el comercio legal de su carne, cuando está ampliamente demostrado que esto sí puede ser sostenible, y ahora entendemos, necesario para mantener la salud de las sabanas.

La magnitud y gravedad de la crisis de agua que hemos visto no puede verse de todos modos asilada de los cambios profundos a que esta siendo sometida esta región. Más grave incluso es lo que está sucediendo en el resto del departamento, que parece empeñado en erradicar sus bosques y modificar todo el ciclo del agua tanto para la extracción de hidrocarburos como para el uso agroindustrial de la tierra. No ayuda señalar culpables de buenas a primeras. Posiblemente el umbral de destrucción aún no se ha pasado. Pero ¿dónde está la carga de la prueba? Cuando científicamente se pueda establecer que el desmonte sistemático de los ecosistemas ha producido el colapso regional del ciclo del agua, ya será muy tarde.

Es urgente medir el impacto ambiental de la actividad petrolera sobre el ciclo del agua, y de la manera como avanzan los cultivos que están colonizando la Orinoquia. En esto la nación es responsable al haber exacerbado con sus políticas un malestar generalizado. Sin embargo, tampoco los políticos locales han respondido con suficiente compromiso y honestidad. Hay una fiesta extractiva que debe detenerse, pues estamos jugando con fuego.

Corporinoquia tiene el mayor déficit de inversión ambiental por hectárea, con un territorio del tamaño de Portugal. Grave que en la sabana húmeda hoy mueran los animales de sed. Es un síntoma local de una crisis que puede generalizarse. En Casanare y Arauca se requiere un pacto social por la prosperidad, fundado en el respeto y prudencia con el ciclo del agua y los ecosistemas que la soportan. Así como vamos, en fin, vamos muy mal.

 

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias