La ciencia oculta de la “gabinetología”, por su parte, estuvo a la orden del día, dictando sus predicciones. Con todo, Santos ha hecho unas modificaciones que no fueron tan drásticas como se esperaba. La renuncia protocolaria de sus ministros terminó en el ingreso de cinco nuevas personas y en el relevo de dos.
Resulta provechoso que un hombre de las calidades de Fernando Carrillo entre a dirigir el Ministerio del Interior. Sin embargo, no deja de ser preocupante el giro que dará la dirección de la Agencia Jurídica para la Defensa del Estado. Este tema no sobra en un país de leguleyos.
Sorprende, por decir lo menos, que Juan Gabriel Uribe entre a una cartera tan delicada como la de Medio Ambiente. Con esta posesión los expertos dieron en el blanco: una de las apuestas de Santos era nombrar personas que pudieran ser actores en una eventual negociación con la guerrilla. Uribe tiene un recorrido en esto, hay que aceptarlo. Sus credenciales sobran cuando uno se entera de que fue gestor y facilitador de los frustrados diálogos del Caguán durante el gobierno de Andrés Pastrana. Pero, tal como lo dijimos en su momento, si el objetivo de Santos era éste, había un obstáculo muy difícil de superar: encontrar una persona doblemente experta, tanto en maniobras políticas de paz como en el campo técnico requerido. Uribe, por lo que hasta ahora ha demostrado, no es cercano a temas del medio ambiente. ¿Qué hará entonces este nuevo ministro con una cartera que aún no ha podido poner sobre rieles las locomotoras del “desarrollo”?
Por su parte, Alejandro Gaviria ha entrado al Ministerio de Salud, uno de los dolores de cabeza persistentes de los gobiernos de turno, quienes no saben cómo lidiar con esa crisis generalizada y sistemática que hay en el sistema colombiano. Gaviria, con un perfil técnico alto, deberá aplicar sus conocimientos para hacer una reforma que dignifique el acceso a la salud. El nuevo ministro es un experto en políticas públicas. Está por verse si en salud también.
La barranquillera Cecilia Álvarez-Correa entró a reemplazar a Miguel Peñaloza, antiguo ministro de Transporte. Con este nombramiento, Santos despeja todas las inquietudes éticas que se levantaron ante el exministro por una compañía que, de acuerdo con las denuncias, fue fundada por él y recibía supuestamente millones de pesos en contratos con el Estado. Así las investigaciones avanzarán con mejor vuelo. Álvarez-Correa, hasta hace unos días, tuvo éxito como directora del Fondo de Adaptación, la entidad encargada de hacer las grandes obras, inmunes, además, a los efectos del cambio climático. Un acierto.
Hay relevos, como dijimos: Mauricio Cárdenas, que se fue del Ministerio de Minas y Energía al de Hacienda, y Federico Renjifo, que abandonó el del Interior para pasar a la cartera desocupada por Cárdenas. Esta especie de enroque llega para refrescar un poco la maquinaria y tener a gente de confianza que ha generado ciertos aprendizajes.
Finalmente, Lucho Garzón entrará como ministro consejero de la Presidencia para el Diálogo Social y la Movilización Ciudadana, lo cual no es muy descabellado, sabiendo el recorrido que Garzón tiene en estos temas y su cercanía con el gobierno de turno, a través de la Unidad Nacional de la que hace parte. Fue un guiño, también, al Partido Verde, su otrora rival, desvanecido, con el que hoy comparte muchos puntos.
Ojalá los nuevos ministros estén a la altura y sepan silenciar los baches que, desde hoy, los aquejarán. Les llegó la hora, en este segundo tiempo, de pasar de los discursos sobre las “grandes transformaciones” que se están haciendo a la acción.