El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El ocaso de un dictador

28 de enero de 2019 - 02:55 p. m.
Maduro sabe demasiado bien que en cualquier escenario electoral al que se someta va a sufrir una derrota aplastante, salvo que acuda al fraude, como lo ha hecho con anterioridad. / Foto: AFP
PUBLICIDAD

Aunque el futuro inmediato de Venezuela es todavía incierto, debido al apoyo de los militares al dictador, el régimen de Nicolás Maduro se resquebraja de manera irremediable. Juan Guaidó, presidente temporal de acuerdo a la Constitución, ha logrado unir de nuevo a la fragmentada oposición, motivar a la gente a protestar de manera pacífica y contar con un mayoritario apoyo internacional. Todo parece indicar que la inaplazable transición en el país vecino va a darse más temprano que tarde.

Las cartas están sobre la mesa y de acuerdo a la habilidad con la cual sean jugadas depende el futuro de los venezolanos. Guaidó, a pesar de su juventud, ha demostrado temple y habilidad para sortear estos difíciles momentos. En los últimos días ha dedicado sus esfuerzos hacia los tres objetivos inmediatos que tiene en sus manos: lograr que las Fuerzas Armadas retiren el apoyo al usurpador —mediante una novedosa propuesta de amnistía— o que al menos se fragmente su cúpula; mantener el liderazgo con los millones de ciudadanos que lo ven como la única salida válida frente a la dictadura, así como continuar sumando países que reconozcan su legitimidad. Tareas nada fáciles sin duda, pero que, de momento, han ido avanzando dentro del complejo escenario interno.

Maduro, por su parte, visita instalaciones militares y esgrime la peregrina tesis de que en el país hay un golpe de Estado en su contra que va a afrontar sin contemplación. Acorde con su personalidad, vuelve a pasar de las bravuconadas y amenazas a posiciones más conciliadoras. Del anuncio de rompimiento de relaciones con Estados Unidos, y un plazo perentorio de 72 horas para abandonar el país a todos los funcionarios diplomáticos y consulares, pasó a decir que a pesar de ser antiimperialista no era enemigo de Estados Unidos y que tenían un mes para el retiro. De otro lado, descartó en términos desobligantes la propuesta de los países de la Unión Europea de darle un plazo de ocho días para que convoque a elecciones, o reconocerán a Guaidó.

En este escenario, el apoyo de la comunidad internacional es esencial para que el gobierno de transición se consolide y pueda adelantar unas elecciones libres, transparentes y que cuenten con la imparcialidad de la observación internacional. No hay otra alternativa posible. Nadie desea una confrontación que lleve a más derramamiento de sangre. Maduro sabe demasiado bien que en cualquier escenario electoral al que se someta va a sufrir una derrota aplastante, salvo que acuda al fraude, como lo ha hecho con anterioridad. Este es un punto sobre el cual no puede haber flexibilidad. Lo mejor que pueden hacer los países comunitarios es reconocer sin más dilaciones al gobierno legítimo y propiciar así el retorno a la democracia en el país vecino.

Como hecho paradójico, el tema de la crisis venezolana ha dado paso a una nueva “guerra fría” con epicentro en la región. Estados Unidos llevó el sábado pasado el tema ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Allí encontró la oposición de Rusia y China, además de otros países, como en las viejas épocas. Lo cierto es que los intereses estratégicos y económicos de las grandes potencias pueden ser similares al pasado, pero el mundo de hoy es otro. Ver la situación de Venezuela como un gobierno de izquierda luchando contra el imperialismo no puede ser más equivocado. Se trata de un régimen populista, corrupto y represor que tiene sus días contados.

Así las cosas, cualquier solución que se encuentre en el país vecino tiene que darse dentro del marco de la Constitución venezolana y la actuación internacional tiene que regirse por las normas del derecho internacional. El pulso que Washington y Moscú mantengan al respecto no puede ni debe opacar el legítimo derecho de sus ciudadanos a recuperar de inmediato la democracia, la libertad y la estabilidad económica y social. Es el momento de expresar toda nuestra solidaridad al presidente temporal Juan Guaidó y su agenda para una Venezuela democrática.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.

Conoce más
Ver todas las noticias