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El ‘Rey del pop’

CON EL REPENTINO DECESO DEL GEnial Michael Jackson no sólo asistimos al fin de una era musical, sino también a un duelo de dimensiones globales que desencadenó sentimientos de tristeza y nostalgia entre los personajes más diversos de los cinco continentes.

26 de junio de 2009 - 06:00 p. m.
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Nacido en el estado de Indiana, en el oeste de los Estados Unidos, Michael Joseph Jackson murió a sus 50 años, después de haber pasado 40 de ellos ofreciendo su música. Comenzó a cantar en el grupo de hermanos Jackson Five, en el que se destacó interpretando éxitos memorables como I’ll be there y Ben.

En 1972, Jackson publicó su primer disco solista y en 1982 consolidó su carrera cuando, de la mano del legendario Quincy Jones, lanzó el más recordado y vendido en la historia de la humanidad, Thriller. En él, ritmos como el funk, soul, dance, rock y pop se dieron cita en una transgresora fusión de la que surgieron melodías tan recordadas como Billie Jean, Beat it y Thriller. En 1985, en compañía de Lionel Richie, Jackson escribió la canción We are the World, con cuyas ganancias  contribuyó a la penosa situación africana, lo que le valió reconocimiento mundial como activista.

Su racha de éxitos continuó durante los años noventa, con sus consecutivos trabajos Bad y Dangerous, y su presencia caracterizó eventos como la caída del Muro de Berlín, el fin del apartheid y la lucha contra el hambre en África.

Si la innovación es una forma diferente de hacer las cosas, el ‘Rey del pop’ fue el principal innovador de los últimos tiempos. No sólo revolucionó para siempre el mundo de la música, sino que inició —con su puesta en escena— un movimiento artístico audiovisual sin precedentes. Sus giras de concierto, caracterizadas por celebradas coreografías, grandes grupos de bailarines e infraestructura desproporcionada, crearon una nueva forma de entretenimiento de masas y marcaron una tendencia mundial. El icónico video de la canción Thriller, con sus zombis bailarines y su escenografía tenebrosa, quedó grabado para siempre en la memoria colectiva y borró las fronteras entre música, danza y cine.

A través de cuatro décadas de historia, Michael Jackson transgredió las barreras entre expresiones artísticas, hizo del baile una parte sustancial de sus espectáculos e influenció a otros grandes de la música, como Madonna y Prince.

Producto de la misma cultura pop, que ayudó a crear, Jackson fue acechado por los fantasmas más distintivos de la sociedad occidental contemporánea. Desde asuntos mundanos, como el culto a la belleza, el miedo a envejecer, la adicción a las compras y los medicamentos, hasta engorrosas y polémicas actitudes que le valieron años en las cortes defendiéndose por cargos de pederastia, la imagen del artista que alguna vez había sido celebrada con estatuas en las principales ciudades del mundo fue resquebrajándose.

Su transformación física, el cambio gradual de su color de piel y las numerosas cirugías plásticas, que cada día lo alejaron más de su condición de afroamericano, dan cuenta del escenario racista en que el cantante nació y creció. Una era su época y otra es, ciertamente, la que inaugura el presidente estadounidense Barack Obama.

Michael Jackson se ha ido  cuando más de uno se preparaba para el gran regreso. Su obra será apreciada en los más recónditos rincones del mundo, pues tanto sus canciones, que apelan a emociones universales, como sus populares maneras de bailar, sus cientos de videos y sus impecables producciones en vivo, dejaron una huella imborrable en varias generaciones.

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