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El turno de los afros

Desde ayer hasta el 16 de septeimbre, en Cali, y luego el 17 y el 18 en Cartagena, se realizará la tercera versión de la Cumbre Mundial de Mandatarios Afros, un evento importante en cuanto ayuda a situar el debate sobre los derechos (tanto los conseguidos como los no materializados) de los afrodescendientes en el mundo de hoy.

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Está bien que Colombia sea la sede. Este es un país que cuenta con la tercera población negra más grande en América Latina: 4’311.757 ciudadanos, que habitan principalmente en el Chocó, Cauca, Valle del Cauca y Bolívar. Sin embargo, pese a eso, no puede decirse que sus derechos en este país sean garantizados de forma plena. Para la igualdad material falta mucho. Ya saliéndonos de Colombia, y viendo el panorama mundial (que es de lo que se trata este evento), cerca del 15% de la población de este planeta es africana o afrodescendiente. Y esto lo decimos no sin repetir lo obvio: sus derechos, también, están pendientes en muchos ámbitos, en diversos contextos, en casos puntuales.

Tanto es así que uno de los principales puntos de esta Cumbre es la reivindicación a los actos denigrantes de racismo de los que fue sujeta la ministra italiana de la Integración, Cécile Kyenge, a quien, en el Senado de su país, le han tirado bananos, y que, hace apenas una semana, vio cómo en la puerta de un edificio administrativo de Roma ponían a tres maniquíes con sangre falsa y un mensaje: “La inmigración es el genocidio de los pueblos, ¡Kyenge demisión!”. Y claro, el acto de desagravio hará evidente lo que para los racistas extremos no lo es: la infatigable labor que la ministra ha hecho para generar una mejor sociedad, una que no discrimine a su igual por ser de una raza diferente. Y esto, un acto así, es sumamente importante. Es un aporte mínimo para que no desista en su lucha, que es crucial.

Vendrá mucha gente. Más de 900 congresistas y gobernadores y líderes políticos afrodescendientes de distintas partes del mundo. Invitados importantes en temas de derechos de las comunidades negras, como el activista Jesse Jackson, y representantes nacionales como el científico Raúl Cuero o la exministra de Cultura Paula Moreno. Entre muchos otros. Que hablen de lo que hace falta para llegar a una sociedad mundial más justa. Y que se generen documentos de trabajo útiles que redunden en la consecución de políticas públicas serias y estructuradas. Todo dentro de un enfoque principal, que no debe ser olvidado: gobernabilidad y etnicidad para el desarrollo económico con inclusión social.

Volviendo a nuestro país, esto tiene que ver, principalmente, con el desarrollo económico que pasa por encima de las comunidades afros. Con esas locomotoras que ven pasar por su territorio y no les dejan nada. Tal y como se lo recordó a este diario Óscar Gamboa, director del Programa Presidencial para las Comunidades Afrocolombianas, Negras, Raizales y Palenqueras, el pueblo negro es pobre, pero vive en las zonas más ricas del país. Esto es inconcebible. Parte de acabar la discriminación viene de que el desarrollo económico se haga con las comunidades, no sólo por medio de la consulta previa, sino también por medio del acercamiento, del entendimiento de sus realidades, de sus costumbres locales.

Es cierto, puede que la comunidad afro tenga en Colombia ciertas fragmentaciones a nivel político y de representatividad. Pero esta no es una excusa suficiente para no emprender, de la mano de ellos, las políticas públicas que les conciernen.

De la Cumbre saldrá un documento de una página. Con él en la mano se le dará la vuelta al mundo para buscar soluciones. Ojalá los insumos de estos días sirvan para materializar las cosas. Para empezar a construir una mejor sociedad.

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