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¿Energía nuclear?, mejor abstente

Justo ad portar de la entrada en serio del anunciado fenómeno de El Niño, que puede afectar la oferta de energía en el país —pero que, según los expertos, gracias al balance que se conseguido entre la producción hidroeléctrica y las demás, en particular la termoeléctrica, no anuncia mayores problemas—, ha surgido el debate sobre la necesidad o conveniencia para el país de entrar en la producción de energía nuclear para ir sustituyendo la porción termoeléctrica de nuestra matriz de energía.

04 de julio de 2014 - 11:15 p. m.
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Desde hace varios años, el profesor Ernesto Villarreal ha hecho un esfuerzo académico serio por entender el rol que podría jugar la energía nuclear en el fortalecimiento de nuestro Sistema Interconectado Nacional, que hoy depende en un 70% de la energía hidroeléctrica y el otro 30% de la energía que producen las termoeléctricas. Y en uno de sus últimos trabajos —financiado por el Observatorio de Drogas Ilícitas y Armas de la Universidad del Rosario y el Proyecto Latinoamericano de Asuntos Nucleares, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega—, el profesor Villarreal propone, precisamente, que Colombia comience su preparación para construir una primera planta nuclear.

Por un lado, argumenta Villarreal, tarde o temprano tendremos que buscar una alternativa para sustituir ese 30% de energías sucias, a base de gas y carbón, que hoy alimentan nuestras termoeléctricas. Por otro, los modelos climáticos auguran una drástica pérdida de nuestra riqueza hídrica, lo que pondría en crisis la seguridad energética de la que hoy gozamos.

Difícil no estar de acuerdo con estas premisas; pero más difícil resulta compartir su conclusión.

Ciertamente, el debate al que invita el profesor Villarreal es urgente e inaplazable. Hemos sido un país que a lo largo de su historia muchas veces ha resultado atropellado por hechos que, en cierta medida, podían haberse evitado con una juiciosa planeación. El caso extremo del famoso “apagón” que afectó al país en los años noventa resultó de una planeación deficiente sobre el futuro del consumo y la producción de energía.

Con todo, en el ejercicio de imaginar y planear el futuro energético de país, la primera regla debe ser imaginar el mejor futuro posible. Y en este caso, la energía nuclear es bastante dudoso que sea el mejor camino. Todo indica que, dadas nuestras necesidades futuras y nuestras riquezas naturales, podríamos prescindir de ella por los riesgos que implica.

Es cierto que la energía nuclear proviene de una producción limpia —lo cual cada vez toma mayor importancia— y que los accidentes nucleares no son muy frecuentes. Pero suceden, y cuando suceden, sus consecuencias son aterradoras. El más reciente, en Fukushima (2011), tiene de hecho al mundo tomando distancia de este tipo de producción en favor de una aceleración en el desarrollo de tecnologías más seguras e igual o incluso más limpias.

Antes que pensar en una planta nuclear, entonces, se nos antoja más urgente asumir en serio ese reto tecnológico de las energías renovables. Países como Alemania, Holanda o el estado de California en Estados Unidos, incluso la pequeña isla de Barbados en el Caribe, trabajan sin tregua para generar una gran parte de su energía a partir de fuentes limpias. La diversidad de nuestra matriz energética que con razón apoya el profesor Villarreal, debería darse desde esta perspectiva.
El camino fácil, pero peligroso, es el de la energía nuclear. Soñamos en cambio con una Colombia capaz de producir la energía que necesita de la manera más limpia posible, aunque implique un esfuerzo mayor.

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